Aristóteles, Política (1253a):

"Según esto es, pues, evidente, que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social; [....] Y la razón por la que el hombre es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales -ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso o agradable y de poder significar esto los unos a los otros-; pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado."

jueves, 5 de febrero de 2009

Animales absurdos

Los humanos somos el animal más absurdo que conozco. Resulta que se supone que somos los únicos claramente conscientes de nuestras limitaciones, de nuestra propia mortalidad y de lo efímero de este valle de lágrimas, pero al mismo tiempo somos los más creídos de nuestra capacidad de cambio. Y nos tomamos tan en serio a nosotros mismos que somos capaces de crear grandes conflictos de asuntos fundamentalmente nimios. ¿Para qué vamos a discutir si lo podemos arreglar a hostias?

Nos tomamos tan en serio a nosotros mismos que nos imponemos tareas imposibles con la intención de alcanzar objetivos perfectamente prescindibles, y en el proceso nos metemos en una rueda ridícula de presión emocional y física que pone en serio riesgo el correcto funcionamiento de la máquina imperfecta que nos mantiene unidos al mundo.

Llamamos stress al estado en que forzamos el paso hasta que nos suda el alma, y nos instalamos ahí con armas y bagajes. Vivimos instalados en ese paraje y nos parece lo más natural. Hasta que descubrimos un día que lo accesorio no te deja ver lo fundamental, y que alguien nos ha robado el mes de abril...

4 comentarios:

ybris dijo...

Absurdos en verdad.
Nos roban los meses de abril (qué bueno Sabina) como nos roban el todo por la parte, lo de todos por lo de algunos.

Un abrazo.

Llave tercera dijo...

Que gran entrada, Animal.
Te dejo aquí un gran artículo publicado en El País que ahonda en otro aspecto de esa irracionalidad que hoy nos recuerdas. No siempre voy a criticar ese periódico... En serio, es un artículo que merece la pena leer.

También creo que en los blogs se magnifica lo irracional sobre lo racional. Me explico. Aquí empleamos apenas el 50% de las posibilidades de comunicación que tenemos cara a cara. Nos dejamos los matices de la entonación y la comunicación no verbal, que no es que sean importantes, es que son esenciales. Y con ello nacen mil malentendidos y malas interpretaciones. Creo que todos podemos conversar tranquilamente tomando un café, pero en los blogs la conversación enseguida se emponzoña. O por lo menos esa es mi visión de este mundo virtual.

Para desfrutar de la vida (exista o no Dios, probablemente...), un rato jugando con tus hijos, un ratillo leyendo, tranquilidad, buena comida, música. Serenidad, algo dificil de encontrar.

Recuerdo algo que me dijeron hace un par de años, ¿Qué prefieres, ser feliz o tener razón? Todos contestamos que ser felices, pero actuamos buscando siempre tener razón. Casi siempre.

Saludos.

Felipe dijo...

Sí, a veces actuamos como ese hamster feliz que da vueltas y vueltas en la rueda para que le den su salario.. pero cuando echa un vistazo a su alrededor se encuentra sin libertad y enjaulado.

Los pasos que no doy dijo...

Tal vez no debamos aferrarnos a un abril que o nos lo roban o sencillamente pasa, tal vez debamos asumir que no sólo hay abriles, sino mayor, junios, temibles agostos y diciembres...