
El
maniqueísmo se enseñorea de todo,
decía hace poco más de un año en esta misma bitácora.
Históricamente, el maniqueísmo fue una secta religiosa inspirada por el sabio persa Manes (c. 215-275), imbuido por la divinidad, según sus seguidores. Tras su surgimiento en el siglo III, se extendió a través del oriente y en muchas partes del Imperio Romano. Los maniqueos —a semejanza de los gnósticos y los mandeos— eran dualistas, creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el bien y el mal, que eran asociados a la luz (Ormuz) y a las tinieblas (Ahrimán). Según ellos, Dios es el creador de todo lo bueno y Satanás el creador de todo lo malo. Este dualismo de buenos y malos lo practican a diario,
decía, nuestros creadores de opinión, nuestros representantes en la vida de la polis. No todos del mismo modo, no todos hasta el mismo grado, no todos con la misma intención o capacidad informativa o intoxicadora. Pero se practica. Desde medios como la COPE se habla ya de "buenos y malos". El maniqueísmo es ya el nuevo deporte rey. TODO lo que defienden, sostienen, pretenden, discuten, supuestamente maquinan, los del bando contrario es inspiración del mal, de lo malo, de Satanás.
En el bando contrario estaban, hasta el 9 de marzo de 2008, no sólo los terroristas o los nacionalistas, sino, principalmente, los socialistas y sus hipnotizados votantes, las
"bases lelas".Desde que se conocieron los resultados del 9 de marzo, han pasado al bando contrario a un sector del PP, el encabezado por Rajoy, al que se suma el demonio Gallardón o el hoy denostado, por centrista y progre, Manuel Fraga. Que los dinosaurios cefalópodos adelanten a las liebres de pies ligeros tiene su miga.
Como votante de otros lares, en realidad me da igual unos que otros. Elegir entre café con leche y leche con café no me parece elegir. En el fondo, como hemos venido diciendo, sus ideas son las mismas. Pero no puedo evitar señalar que lo que más me irrita o me ha irritado de la derecha social de los últimos años son las formas, no el fondo. Respeto las ideas de cualquiera. Pero no puedo dar por bueno cualquier método. No puedo dar por bueno el tiro en la nuca, obviamente. Pero un ideario independentista me parece una idea que, como idea, es respetable. Lo cual no quiere decir que la vaya a apoyar. Respeto también un ideario que, por ejemplo, sitúe en el centro de la vida política y social a la jerarquía de la iglesia católica. O que encuentre valores dignos de conservación en el franquismo tardío. Como ideas, las respeto, aunque no las comparta. Pero no tolero que, en el debate político, se funcione con calumnias y con hipótesis indemostradas, indemostrables y malintencionadas, en suma, alomojoístas (conspiranoia en torno al 11-M, etc.).
Cuando Carlos Iturgaiz suelta la memez esa de que
"O se está con San Gil o se está con ETA", el sector radical e insoportable del PP está haciendo con los 'moderados' exactamente lo mismo que el PP de Aznar hizo con el PNV cuando dejó de necesitarlo para gobernar (tras la mayoría absoluta del 2000), o, luego, con el PSOE de Zapatero y su base social, mayoritaria en el país. Aznar nos ha llamado etarras a todos los que no votemos al PP. Y sus imitadores baratos entre la ciudadanía lo hacen a la vuelta de cualquier esquina.
No señor. Yo estuve de acuerdo con Zapatero en el proceso de diálogo con ETA. Como cuando fue Aznar el que lo intentó. Y sigo pensando que ambos hicieron básicamente lo correcto. Y no soy amigo de la ETA. Y no estaba con Rajoy cuando acusó, de modo soez, a Zapatero de traicionar a los muertos, en la sede de la soberanía popular. Y no estoy con María San Gil en sus planteamientos políticos, ni, evidentemente, con ETA. Aunque sí estoy humanamente a su lado en su sufrimiento, en su dolor, como testigo de la barbarie etarra. Y no estoy con Iturgaiz, o con los chamanes de la prensa, en la estúpida acusación a Rajoy de connivencia con la ETA o con los nacionalistas, montada, de nuevo, sobre la nada. Me suena, nos suena a todos.
San Gil sigue los movimientos, detrás de bambalinas, del sector duro del PP. Mayor Oreja, su mentor, ha sido de los más agrios con el proceso de diálogo de Zapatero. Él, que era ministro cuando Aznar hizo lo propio. Él, que recibió el apoyo del PSOE y de los medios progresistas para ganar las elecciones vascas de 2001, y que perdió, por el miedo o el rechazo que suscitó en ambientes nacionalistas.
San Gil se alinea con un bando en una lucha fratricida que no dejará prisioneros. Caerá Rajoy, más pronto que tarde. Y dudo mucho que un PP unido se sitúe detrás de un líder como Gallardón. Antes que eso, la escisión. Pero, tal y como están las cosas, dudo mucho que un líder de los duros pueda concitar el apoyo de todos, después de lo que está pasando. Sé como se siente uno cuando le llaman amigo de etarras. Nos lo han llamado a los votantes del PSOE. Sé que un simpatizante del ala moderada, alguien que admire a Gallardón o al propio Rajoy, no tolerará fácilmente todo esto. Y si lo tolera, chicos, es que tendrán lo que merecen.
En mi opinión, algún tipo de escisión empieza a sobrevolar sobre la calle Génova como una posibilidad cada vez más cercana.