Aristóteles, Política (1253a):

"Según esto es, pues, evidente, que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social; [....] Y la razón por la que el hombre es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales -ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso o agradable y de poder significar esto los unos a los otros-; pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado."
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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Barricadas a la boloñesa



En estos casi diez años el trabajo y los tiras y aflojas han sido intensísimos. Las administraciones lo han rebajado todo en gran medida en aras del llamado "coste cero". Ningún grado nuevo deberá costarles un céntimo más que las titulaciones antiguas. Y, dando una vuelta de tuerca, han pretendido, desde el 1999 hasta hoy, con el gobierno de Aznar y con el de Zapatero, con comunidades autónomas del PP y del PSOE (las universidades están transferidas), aprovechar la circunstancia para "racionalizar" el mapa de titulaciones. Léase decidir qué titulaciones van a seguir en vigor en qué lugares y de qué modo.

Ha sido, es, un cierto "sálvase quien pueda" o sepa. Durantes años los miembros de la comunidad universitaria, los profesores, los cargos académicos, hemos clamado contra nuestra "reconversión" particular. Hemos gritado sin eco.

Los avances y los parones los han marcado las instancias políticas. Ahora no hay nada. Ahora hay que terminar tales documentos antes de un mes. De nuevo parón. De nuevo a correr. La noticia de hoy es rumor de ayer, el rumor de ayer es noticia de mañana. Que nos eliminan, que no. Que nos fusionan. Que no. Que nos reinventemos. Que nos jubilan. Que seguimos. Que sigamos. Que hay que hacerlo así. Que no, que así no. Que tu propia universidad te apoya. Que no. Que sí. Que nos unamos en casa. Hay quien no quiere. Que sí, que todos quieren. La Comunidad autónoma nos desintegrará. No, que no, no si no le costamos más...

Nueve años después, con la sobredosis boloñesa del último año y medio más o menos que todos los universitarios llevamos encima, con los planes elaborados y aprobados en muchos casos (a falta del visto bueno de la Comunidad Autónoma y/o de la ANECA), de pronto nos encontramos con una campaña basada en falacias. Grupos de estudiantes que no se habían interesado mucho antes por el proceso llegan tarde, no comprenden nada, y yerran el tiro. Incluso los delegados de curso, que sí habían estado implicados, participativos y de acuerdo, están sorprendidos. No es Bolonia lo que está mal. Bolonia no significa privatización de la universidad pública ni aumento de tasas ni desaparición de estudios ni descenso de la calidad ni...

Si alguna de estas amenazas se hace realidad no será por Bolonia, sino con la excusa torticera de Bolonia. Bolonia y la filosofía que tiene detrás es un proyecto conceptualmente muy bien diseñado que, si se aplica bien, puede suponer una mejora sustancial de las condiciones de trabajo de profesores y alumnos, mejorando el aprendizaje.

Luego quien esté en contra de la basura escondida bajo la alfombra, debe apuntar a la basura, no a la alfombra. Debe apuntar a los líderes políticos de todo signo que, desde gobiernos centrales o comunidades autónomas sólo están preocupados porque la universidad no cueste un duro más, siendo la mejora de la calidad una cuestión secundaria.

Os pondré un ejemplo bien gráfico. Un profesor de Inglés en mi Facultad puede tener en clase más de cien alumnos en cada una de sus tres asignaturas. Según Bolonia, según el EEES, debería atender a cada uno en tutorías personalizadas de obligado cumplimiento en torno a dos horas a la semana. Debería, entonces, dedicar un total de 600 horas semanales de su tiempo solamente a la atención tutorial de los alumnos... ¿Solución? Lo vaticino, sin ser ningún lince. "Tutorías personalizadas de grupo en un aula". Nuevo sinónimo para una clase de toda la vida...

¿Tiene Bolonia la culpa?

martes, 16 de diciembre de 2008

Education for citizenship made in Valencia

Creo firmemente en la educación. Vaya qué raro soy... Creo que lo mejor que tenemos los animales humanos es que nuestra capacidad de comunicación nos permite transmitir a las nuevas generaciones los saberes y experiencias que la especie ha acumulado a lo largo de milenios. Educar es conducir a niños y jóvenes en la senda del aprendizaje de formas y contenidos.

Creo firmemente en los valores de la convivencia social. Los humanos también nos distinguimos de muchas otras especies en la sofisticada red de normas que nos permiten convivir en grupos más allá de estructuras familiares o tribales amplias. Esto es lo que nos hace ciudadanos. Una parte fundamental de la educación consiste en preparar a los jóvenes para la convivencia.

Creo firmemente en la enseñanza de otras lenguas y culturas. De hecho, esto es mi profesión. Una de las características de los animales políticos es la capacidad de relacionarnos incluso con aquellos que son diferentes, por ejemplo porque se sirven de otra lengua y tienen tras sí otras culturas y tradiciones. Siendo como es la lengua inglesa la de más amplio uso en el contexto internacional, creo que todos nuestros niños deberían saber hablar y escribir en inglés, además de conocer su(s) lengua(s) locales (castellano y otra), y de tener rudimentos de una segunda lengua extranjera. Ello los haría ciudadanos más libres y más dúctiles para las demandas laborales del siglo que acabamos de empezar.

Creo en la educación. Creo en la ciudadanía. Creo en el inglés. También creo que enseñar educación para la ciudadanía en inglés por medio de profesores que no saben inglés a alumnos que no entienden inglés ha sido una tomadura de pelo intolerable por quien muestra...
  1. que no siente aprecio alguno por la ciudadanía, y
  2. que carece de toda noción de cómo y cuándo nuestros jóvenes aprenden una lengua extranjera como el inglés.

martes, 14 de octubre de 2008

¿Quién quiere sanidad y educación?

Pío Moa, César Vidal, Jiménez Losantos y sus fanfarrias, sus amigotes, los que asienten en sus tertulias, los que les adoran, veneran y reverencian, van creando un estado de opinión, habitualmente basado en una montaña de necedades indemostradas, desenfocadas o, incluso, falsas. Hoy mismo, sin ir más lejos, Losantos ha repetido eso de que Zapatero dice que el concepto de España es discutido y discutible. Independientemente del fondo del asunto, lo que Zapatero dijo en su día, el 18 de noviembre de 2004, en sede parlamentaria y como refleja el diario de sesiones y la prensa del día, incluso la hostil, es: «Desde que tengo uso de razón me han asustado las afirmaciones categóricas, indubitadas y que rezuman fundamentalismo», y si hay un concepto «discutible y discutido en la teoría política y en la ciencia constitucional» es precisamente el de nación..., «algo que, en efecto, sabe cualquier estudiante de Derecho». Zapatero fue profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de León y escribió una tesina, antes de dejar las aulas por la política.

Pío Moa, por su lado, cree desacreditar a la admirable nómina de extraordinarios especialistas de la Historia española contemporánea, las personalidades que ocupan las cátedras de las mejores universidades del país, los que publican los mejores libros, asisten a los mejores congresos y reciben los premios y homenajes a su destacada labor dentro y fuera de nuestras fronteras, cree desacreditarlos, decía, acusándoles de "vivir de dinero público"... Sé que la reflexión se comenta sola, pero lo haré explícito. Amigo mío, la educación superior más prestigiosa en España es pública. Nuestro modelo de acceso a la universidad para todos... es público. La investigación en humanidades sólo la sufraga el dinero público. Como la sanidad, por otro lado. O el ejército, correos, las carreteras...

Luego un catedrático, sí, un catedrático, vive de dinero público. ¿De qué va a vivir?

Jiménez Losantos, por ejemplo, lleva meses, o años, haciendo también la campaña. Que si la universidad española es un desastre, que si es un nido de vagos, que si despilfarro, que si rojerío... Profundos análisis del estado de la investigación española... Muy profundos. Incluso hondos...

A Zapatero y a otros políticos les reprochan el no haber trabajado nunca en su vida. Como si ser profesor de universidad (en León) o diputado o presidente del gobierno no fuera un trabajo. Quizá es el trabajo que a ellos les gustaría desempeñar, pero amigos, "trabajar" no es sólo forrarse con el dinero de Telefónica, como Zaplana o Pizarro.


Una universidad pública, amigos, se llama así porque la financian las arcas públicas. Si no, no sería pública. Los funcionarios de carrera de una universidad, igual que los médicos, los militares, los carteros, los funcionarios de Hacienda y del resto de ministerios, etc., han superado unas oposiciones y ello significa que se han ganado un puesto vitalicio para ejercer una función en la sociedad, un servicio a la colectividad, que se paga con dinero público. ¿En qué cabeza cabe que las universidades públicas, hoy transferidas a las comunidades autónomas, no dispongan de fondos para hacer frente a OBLIGACIONES legales, como pagar el sueldo de sus funcionarios? ¿entiende alguien que deban pedir préstamos a instituciones bancarias privadas para pagar los sueldos de profesores y funcionarios de administración y servicios? Pues, amigos, todas lo hacen... No les queda más remedio. Eso sí, ¿a que no sabéis quién paga los onerosos intereses de estos préstamos? Una pista: Esperanza Aguirre, no. Y Zapatero, tampoco.