Aristóteles, Política (1253a):

"Según esto es, pues, evidente, que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social; [....] Y la razón por la que el hombre es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales -ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso o agradable y de poder significar esto los unos a los otros-; pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado."
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lunes, 20 de abril de 2009

Tocar las campanas e ir en la procesión

Rouco Varela habló ayer de nuevo. Habló en nombre de la Iglesia Católica (literalmente "universal") a la que representa, con el tono exacto de quien representa al universo mundo. Y defendió una posición y la opuesta a lo largo del mismo discurso. Como guía espiritual no tiene precio.

1) En referencia al aborto rechazó que pueda convertirse en ley, por un mero mecanismo democrático "empírico", "simplemente una especie de denominador común de las diversas opiniones e intereses presentes en la sociedad, aun cuando lo que esté en cuestión sea el derecho fundamental a la vida". Es decir, sostuvo que el que una mayoría opine de un modo determinado no otorga a sus posiciones categoría de ley si ello traspasa ciertos límites. No aclaró quién los pone.


En definitiva, observo perplejo que, con respecto al punto primero, él se inclina por vetar la libertad de conciencia de la mayoría de la soberanía popular. El pueblo no puede decidir en tema de moralidad. Sin embargo, en el segundo punto, en nombre de la libertad moral "de los padres", objeta contra la impartición de Educación para la Ciudadanía.

Dicho de otro modo. Para combatir la nueva ley del aborto, defiende que el solo criterio de la voluntad democrática no legitima una decisión no acorde con sus propios valores. En cambio, para combatir EpC, es éste el criterio en el que se basa. Sin aclarar cómo puede ser expresión de la libertad el que las decisiones no correspondan a un gobierno democráticamente elegido sino a una oposición democráticamente derrotada.

Eso sí, si nos ponemos, podríamos señalarle a Rouco que las razones por las que dice rechazar EpC aconsejarían, del mismo modo, eliminar cualquier enseñanza de Religión Católica en los centros educativos. Por la libertad de los padres, mismamente.

miércoles, 15 de abril de 2009

¿Embajada de quién?


Me resulta chocante que el estado receptor tenga derecho de veto sobre la propuesta de embajador que hace el estado emisor. Si además resulta que el "estado receptor", es, como el Barça, "algo más que un estado", la cuestión es algo más que discutible.

El Vaticano, que consideró, de modo históricamente inexacto y moralmente zahiriente, que George Bush junior fue "el primer presidente católico de los Estados Unidos", veta ahora a Caroline Kennedy, elegida por Obama para ese puesto. La hija del presidente asesinado en 1963, el que realmente fue el primer presidente católico de los Estados Unidos, no es del gusto de la curia romana por sus posiciones ideológicas personales, en línea con las de su familia, las mismas posiciones de muchos católicos progresistas, los católicos que se han hecho invisibles para la jerarquía de la iglesia.

Posiciones mucho más próximas en conjunto al mensaje, desnudo, de un tal Jesús de Nazaret que las de un tal George W. Bush, sin ir más lejos.

martes, 17 de marzo de 2009

Conócete a ti mismo


Gnothi seautón o "conócete a ti mismo" es un antiquísimo aforismo de la Grecia antigua.

Benedicto XVI, en su búsqueda personal, ha llegado hoy a esta conclusión: "El sida no se resuelve con preservativos".

¿Y sin ellos sí?

¿Por qué los africanos han de tener menos protección, aunque sea de goma, ante la enfermedad y la muerte que los linces ibéricos, Susan Tidad?


¿En "otros bienes" hemos de incluir los criterios de moral sexual de la iglesia católica, Monse Ñor? ¿Es lo correcto que millones de africanos se enfrenten a la muerte para que la comunidad tenga la conciencia limpia de no haberlos incitado al "pecado" carnal? Lo curioso es que morirán, además, en pecado...

sábado, 20 de diciembre de 2008

Imagínatelo

Según San Juan (Jn 8,111), "los letrados y los fariseos traen ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio", con intención de apedrearla. Es justo entonces cuando el hijo de Dios pronuncia la célebre frase. "Quien esté libre de pecado, que le tire la primera piedra".

Imagínate ahora que has nacido homosexual en Afganistán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Mauritania, Nigeria, Sudan o Yemen. Corres peligro de que te apliquen la pena de muerte por tan nefando crimen. La pena de muerte. Sí, llevarte ante la horca, por ejemplo. Por ser homosexual.

Imagínatelo. La horca.


Imagínatelo. Por ser homosexual.



Imagínatelo, para evitar discriminaciones y presiones, es mejor que sigas en el corredor de la muerte de la homosexualidad.

Imagínatelo, podrías morir cristianamente. Pero no sé qué le parecería a Jesús.

jueves, 16 de octubre de 2008

Nazismo, laicidad e hipocresía


La palabra laico es de origen griego. Es un adjetivo derivado de laos, que significa "pueblo", un cuasi-sinónimo de demos, que también traducimos por "pueblo". Así, democracia es el "poder del pueblo". Laico era en principio "popular", y se usó para denominar a aquella parte del pueblo que no formamos parte del clero. Dicho en latín un laico es un seglar (de saecular-).

Se manejan hoy dos derivados nominales de laico, dos abstractos:

1) laicismo, definido en la Real Academia como: "Doctrina que defiende la independencia del hombre, de la sociedad y del Estado de toda influencia eclesiástica o religiosa".
2) laicidad, que no aparece en el diccionario de la RAE, pero es definido de un modo no muy distinto: "Cualidad de la sociedad, el Estado o las instituciones que actúan y funcionan de manera independiente de la influencia de la religión y de la Iglesia".

Desde mi punto de vista, como he dejado escrito aquí ya, la laicidad o el laicismo del Estado no sólo no atenta con la democracia o la libertad, sino que las garantiza. Por supuesto, como reclama hoy la jerarquía eclesiástica, la Iglesia puede e incluso debe plantear y defender sus posiciones ante cuestiones de orden moral, que han de servir de guía a aquellos ciudadanos que tengan a bien escucharles o atenderles. Pero es que el laicismo o la laicidad en modo alguno impiden esto. Hace poco más de un mes lo reconocía de modo explícito el propio Papa Benedicto XVI: "La laicidad no entra en contradicción con la fe".

No obstante, ayer mismo uno de los obispos españoles más notables, presidente de la Conferencia Episcopal y amigo de manifestarse ocasionalmente con el pueblo llano agitador de banderas rojigualdas, hizo unas sorprendentes declaraciones en las que relacionaba al laicismo con el nazismo y el comunismo: "El Estado moderno, en su versión laicista radical, desembocó en el siglo XX en las formas totalitarias del comunismo soviético y del nacional-socialismo".

Me gusta jugar a juntar palabras, a veces muchas, como sabéis. Pero hoy prefiero contar hasta cien y remitirme al vídeo que os traigo y a la foto de abajo. En el vídeo (que conozco gracias a mi cuñado), hay imágenes de Salamanca en 1936, sede de la España de Franco. Hacia los diez segundos se ve una bandera muy fácil de reconocer. Hacia los veinte segundos se oye al narrador mencionar unas palabras que ese día Franco pronunció acerca de sus aliados, la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler, que para él eran el "baluarte de la cultura, la civilización y el cristianismo en Europa". En la narración la versión dada es bastante discutible, pero el documento gráfico es estremecedor. Esa plaza mayor de Salamanca ha visto tantas cosas, es tan cotidiana para mí y sin embargo, esconde tantas sombras...

Monseñor Rouco Varela, ¿quién puede abrogarse mejor el mérito de haber conducido a Europa hacia el nazismo y el fascismo, acogidos con entusiasmo? ¿el laicismo o la Iglesia católica contemporánea?

viernes, 12 de septiembre de 2008

Laicidad y fe


Amigos, no he podido reprimir una sonrisa al pensar en la cara que se le habrá quedado a nuestro epíscopo Rouco Varela y seguidores, dentro y fuera de la jerarquía eclesiástica, dentro y fuera del ámbito político, dentro y fuera del mentidero mediático.

Si "la laicidad no entra en contradicción con la fe", que se lo explique, por favor, su santidad a nuestra muy católica representación de Dios en la tierra, la muy hispana y más papista que el papa (Ratzinger mismo) última contención ante la España rompeespañas.

En una entrada del año pasado decía este animalesco opinador en este mismo lugar que cuando el Portavoz de la Conferencia Episcopal, J. R. Martínez Camino, consideraba que la laicidad va "en contra de los principios de un Estado verdaderamente democrático", “amenaza la democracia” y “pone bajo sospecha a la religión y a las instituciones que la representan como si fueran un peligro para la justicia”, se me escapaba la lógica. El que el estado, como tal, no se someta ni apoye explícitamente los posicionamientos de ninguna iglesia, decía, no es en modo alguno atentar contra la democracia, sino, quizá, precisamente, todo lo contrario. Laicidad sería la "neutralidad del estado, de las colectividades locales y de todos los servicios públicos respecto a una o varias religiones, una o varias filosofías".


Ahora que es el propio Papa de Roma quien lo dice, quizá haya quien lo vea de otro modo. En la jerarquía, fuera de ella, en el PP, fuera de él, en la COPE, en otros medios, y entre ciudadanos de a pie, no sé si orientados o desorientados por su propia Iglesia, capaz de decir una cosa y la contraria sin grandes problemas.

jueves, 4 de septiembre de 2008

El poder de la fe

Los humanos tenemos un problema duro. Somos unos mamíferos con especial desarrollo de la capacidad cognitiva. Esto nos lleva a ser conscientes de nuestra propia muerte y la de nuestros seres queridos, uno de los tragos más duros a los que hacer frente.

La conciencia de que la vida sobre la Tierra tiene un fin seguro llevó a antepasados nuestros en todos los continentes a creencias de diverso tipo acerca de una hipotética vida de nuestra alma en otro plano de realidad incorpórea, dado que un ser querido al morir pierde el halo de vida, pero nos deja su cuerpo inerte, carente de su soplo de vida, que parece haber 'volado' a otro lugar.

Supongo, sin ser un teólogo ni un antropólogo, que éste es en esencia el estímulo del surgimiento entre humanos de la fe en una vida más allá de la muerte.

Este asunto complejo parece que pedía a gritos la ayuda, la explicación que miembros señalados de la comunidad podían ofrecer al resto de conciudadanos. La casta sacerdotal tendría que explicar a los atónitos animales políticos qué sucede al morir, qué esperanzas hemos de tener, qué nos espera más allá. En torno a todo esto se crea una fe. Otra comunidades tienen otra fe. Las creencias no siempre coinciden en todo, pero con frecuencia tienen coincidencias impresionante en continentes distintos.

Una derivación natural es creer que un comportamiento determinado en esta vida condiciona la suerte o el destino en la vida del más allá. Natural porque está presente en todas las religiones, de un modo o de otro. Es decir, se relaciona la correcta actitud de convivencia en la comunidad humana con el premio de una vida mejor más allá de la muerte.

Desde muy pronto los humanos percibieron que, además del loable y satisfactorio efecto en la correcta y justa convivencia que estas creencias entrañaban, todo esto significaba un poder enorme sobre la comunidad. La influencia política, la influencia de la casta sacerdotal sobre la vida de la polis es potencialmente gigantesca. Quien está dotado de la voz divina es una fuente de orientación del comportamiento ciudadano en lo moral... y en lo social, en lo político. Quien nos habla en nombre de Dios puede modular y modula nuestras creencias acerca del bien y del mal en la vida de nuestra polis. La batuta de la moral. Quien dirige la orquesta, suma las voluntades de los seguidores y les lleva adonde cree justo si es capaz de mantener su autoridad.

Pero los humanos tenemos una naturaleza muy peculiar. Somos proclives al atajo y al abuso. De intérprete de Dios en beneficio de mis semejantes puedo fácilmente pasar a intérprete de mis intereses usando el nombre de Dios en vano para dominar a mis semejantes.

Es un comportamiento que ha conocido la humanidad en todos los siglos y en todos los continentes, en un grado o en otro. Recuerdo la influencia política del oráculo de Delfos en la Grecia clásica. Recuerdo la Inquisición. Recuerdo a los puritanos de Norteamérica y las desdichadas jóvenes de Salem, Massachusetts, quemadas en la flor de sus vidas por 'brujas'. Recuerdo las Cruzadas, el terromismo islamista, y la lista es interminable.

Siempre ha habido creyentes sinceros e intérpretes sinceros de cada fe. Esto es otro asunto. El poder político ha invadido el argumento de la fe para hacerse con su batuta. O el argumento o batuta de la fe se ha servido de esa autoridad moral para hacerse con el poder político de hecho o de derecho. Repetidamente, en repetidas formas, con los mismos o distintos ropajes.

La separación de la Iglesia y del Estado fue el modo en que las democracias occidentales modernas trataron de atajar las interferencias. La idea es buena, pero aún no la hemos aplicado.

La moral es del individuo. Pero la autoridad moral es un arma que se usa en la comunidad a gusto de quien tiene la batuta. Los family values dieron seguramente la victoria a Bush en 2000 y, sobretodo, en 2004. El uso del nombre de Dios sigue centrando la política del partido republicano en los Estados Unidos de América. Los neocon han descubierto hace décadas que eso les puede hacer ganar o perder elecciones. Hay millones de votantes que votan atendiendo sólo a esto.

Si la hija de Palin está embarazada con 17 años ello sólo muestra que es anti-aborto. El que se haya quedado embarazada siendo menor de edad no es problema. Porque su madre no es la candidata demócrata. Si lo fuera, sí sería un problema. Hace pocos días, mi amigo R. Almazán nos traía una imagen escalofriante: ciertos fundamentalistas cristianos norteamericanos consideraban un justo castigo divino el accidente aéreo de Barajas, por ser el nuestro un país de maricones...

Utilizar la religión para crear un pool de aturdidos votantes idiotizados, que se pueden contar por millones, es una tentación muy grande en la que caen con frecuencia quienes más hablan de su fe como factor legitimador de sus pretensiones políticas.

No creo preciso repasar el papel político de la Iglesia Católica en España y la autoridad moral que han ejercido y ejercen los miembros de su jerarquía a lo largo de los siglos y hasta hoy. No creo preciso hablar de la COPE o de la polémica con Educación para la Ciudadanía.

Pero he pensado en todo esto al conocer que Esperanza Aguirre, la lideresa, ha acudido a la Convención Republicana de los Estados Unidos a prestar su apoyo a McCain. Aguirre se autodefine como liberal, pero apoya a un candidato que ha elegido como vicepresidenta a una señora que aboga por la enseñanza del creacionismo, una mujer que no cree en la educación sexual, y que tiene una hija de 17 años embarazada, que milita contra el aborto y cree que la guerra de Irak responde a un designio divino. El liberalismo de Aguirre es polisémico, sin duda.

domingo, 11 de mayo de 2008

Fieles

Mi entorno personal y familiar es profundamente religioso. En mi vida como niño, hijo, nieto, hermano, sobrino, primo, etc., mi contexto es un contexto de catolicismo practicante. De catolicismo racional y convencido. Pero catolicismo claro y sin ambages. En ese contexto, evidentemente, fui bautizado, hice en su día la primera comunión, asistí a misa los domingos hasta más allá de la mayoría de edad, me casé por la iglesia y bauticé a mi hijo. Ése es mi contexto.

Fui educado en el seguimiento al espíritu del mensaje de Jesús. Amar al prójimo como a ti mismo. Creo que soy una persona con muy profundas convicciones morales, que trato de poner en práctica siempre en mi vida, con todos los defectos que todos tenemos. En realidad no debería decir que "trato" de ponerlas en práctica. Más bien las pongo en práctica porque eso es lo que me sale de dentro. Un sentido muy profundo de lo que es justo que me impide hacer otra cosa si estoy en pleno uso de mis facultades. Un enfado pasajero, por ejemplo, puede ofuscarme lo suficiente para luego tener que arrepentirme. Sí, eso es lo que puede decir un asesino, por ejemplo, pero mis 'faltas' son mucho más leves, afortunadamente.

A lo largo de mi desarrollo como persona fui entendiendo la realidad a mi alrededor precisamente desde esos valores. Y fueron en muchos casos esos mismos valores los que me hicieron iniciar un progresivo distanciamiento no tanto del mensaje de Jesús como de sus representantes terrenales. Mi lectura de la historia humana me ha llevado a ver a la jerarquía eclesiástica histórica como una fuerza esencialmente desviada de ese mensaje en muchos momentos, en muchos aspectos. Podría enumerar la Santa Inquisición, o las Cruzadas (diferentes tipos de cruzadas), las repetidas guerras de religión, la connivencia sacrílega con el poder terrenal...

No voy a ocultar que una profunda proclividad al análisis racional de lo que me rodea me hace dudar de muchos preceptos y cuestiones de fe asociadas a la doctrina cristiana, algunas fundamentales. Pero realmente lo que me hace rebelarme es una incapacidad para tolerar la hipocresía. Soy incapaz de dar por buena una actitud vital que predica una cosa y encarna la contraria. Soy incapaz de tolerar un mensaje de odio hertziano acompasado y/o apadrinado por quienes supuestamente encarnan un mensaje de amor y de moral. Soy incapaz precisamente por la profundidad en que los valores están grabados en mi alma.

Mi convivencia con el catolicismo ha sido siempre de un respetuoso laissez-faire. De un cierto distanciamiento progresivo, pero como un poso fundamental de algo "familiar".

Pero de un tiempo, escaso, a esta parte, siento con demasiada frecuencia una irritación nueva hacia algunas manifestaciones, que considero hipócritas, procedentes de ese ámbito. Por ello estoy parcialmente de acuerdo con una nueva carta de la Conferencia Episcopal, en la que culpan de la pérdida de fieles de la Iglesia a "algunos medios de comunicación". Eso sí, no creo que ellos tengan en mente a los mismos medios que yo...

miércoles, 6 de febrero de 2008

El nombre en vano

Cañizares
La cuestión no está en si estamos a favor o en contra del terrorismo, amigos. A favor del terrorismo sólo están los terroristas, imagino. Los artesanos del terror. Los que usan el terror para fines supuestamente políticos.

La cuestión está en cuáles son las estrategias más inteligentes para llegar a ver el final del terrorismo. Y la consideración de la estrategia como loable o no, debe depender de cuál sea la estrategia y no de quién sea el estratega. Si a la jerarquía le parece maravillosa hoy una estrategia determinada y mañana le parece fatal porque los actores son otros, hay que reconocer que el cambio que se ha producido no tiene que ver con la estrategia utilizada para abordar la lucha antiterrorista. Ante las elecciones de 2000 la Iglesia Católica Española no reflexionó sobre las maldades de la negociación con terroristas. En 2008 sí lo hace. Claro, como es neuter, no está hablando de partidos, por supuesto...

Claro que la Iglesia ha expresado su rechazo al terrorismo antes. Lo que no ha hecho antes es demonizar el diálogo como un instrumento más en el camino hacia el final del terrorismo. Como la policía en las películas americanas, que tiene la figura de un 'negociador' profesional para tratar con un secuestrador que mantiene rehenes en una sucursal bancaria. El secuestrador no se va a librar de su condena futura. Pero se negocia una salida para evitar muertes innecesarias. También se puede presionar al comisario que no se negocie con el secuestrador y luego echarle la culpa de la muerte de rehenes. También se puede.

Que un arzobispo (que es un obispo, pero más importante) utilice una homilía (el sermón, dicho en fino) en una celebración religiosa para dejar claro que Dios es del PP me trae a la mente (se me sale la formación religiosa que todos hemos recibido en este país en el que se ha perseguido la religión con tanto denuedo como dudoso éxito), aquello de "tomar el nombre de Dios en vano", el segundo mandamiento de la ley de Dios.

Pero es que además es un error manifiesto. Dios es comunista, de toda la vida. Si pudiera votar, su voto sería para Llamazares. Estoy convencido. Es el único que aboga de veras por la igualdad absoluta entre todos los hijos del señor. Como segunda opción, el PSOE, una especie de comunismo pragmático que se deja compromisos, como pelos en la gatera, a juicio de muchos demasiados, a juicio de otros los necesarios.

Para Rajoy la última. No dudo de que todo vale en campaña. Ellos han mostrado claramente que incluso en cualquier momento vale todo para persuadir. Pero tengo algo diáfano en mi mente. A los dirigentes del PP y sus hinchas de la prensa la economía les importa hoy exactamente lo mismo que en 2004, 2005, 2006 y 2007. Una mierda. Eso sí, entonces no mentaban la economía porque iba de cine, y había que hablar de la ruptura de España, de los alomojós del 11-M, de los peritos del bórico, de la rendición a ETA, de los homosexuales, de EpC, etc. Ahora sí toca hablar de economía. Porque ante algunos datos negativos alomojó se puede pescar algo. Básicamente, incautos. Por eso alomojó esto de hablar de los obispos, ETA o las luchas intestinas por la sucesión en el PP no conviene, porque ahora, el mensaje es que Zapatero se ha cargado las hipotecas de su prima en Estados Unidos y las bolsas de todo el mundo. ¡¡Y con sólo dos tardes de economía!!

jueves, 31 de enero de 2008

Neuter

Neuter. Neutro. "Ni uno ni otro", etimológicamente. La gramática latina aplicó este nombre al género gramatical que no era masculino ni femenino, el género que para el antiguo indoeuropeo, lengua madre de casi todas las europeas, denominamos "inanimado". Para los seres con características sexuales se utilizaría el género "animado", luego diferenciado en "masculino" y "femenino" y, finalmente, extendido a un sinfín de conceptos e ideas, sustantivos y adjetivos. La mesa es femenino. El sillón es masculino. El sol es masculino en las lenguas romances, femenino en las germánicas... Son territorios fascinantes que dejaremos para otro día.

Hoy pensé en neuter, "ni uno ni otro", al leer acerca de la guía espiritual habitualmente presentada por la Iglesia Católica Española ante un proceso electoral. Son estas asociaciones de ideas extrañas de las mentes enfermas. En mi caso, muy enferma, sin duda. Que las túnicas y púrpuras me sugieran gramática histórica es peculiar, cuando menos, me lo reconoceréis.

El documento se presenta como neuter, claro. No recomienda el voto como obligación de los ciudadanos, como hizo otras veces, pero eso es para no interferir... Además, luego vota gente que no está preparada y es peor. Ya lo dijo el 14 de marzo de 2004 Pilar del Castillo, ex-ministra de educación con el PP. El documento eclesiástico no da de hecho recomendación explícita de cuáles son las siglas a las que no es pecado votar. Explícito, nada. Otra cosa es la interpretación de los fieles. Esto es otra cosa, porque la imaginación enfermiza de los hombres, y sobre todo la de las mujeres, porque no es lo mismo peras que manzanas, es una caja de sorpresas todos los días.

Veamos, a modo de encuesta, si vosotros confirmáis que el documento presentado por Martínez Camino es realmente neuter, o estáis tan enfermos como el que suscribe, y quizá lo veis dexter o sinister, que todo puede ser. Veamos, no hay que votar a aquel partido político que...
  1. ...haya negociado con ETA (¿UCD?, ¿PP?, ¿PSOE?),
  2. ..."no ame a la nación" y no esté en guardia frente a "los peligros de los separatismos",
  3. ...apoye el matrimonio homosexual
  4. ...pretenda implantar la Educación para la Ciudadanía,
  5. ...quiera quitar la religión de los planes educativos, o
  6. ...no combata el aborto y la eutanasia (¿PP?, ¿PSOE?)
Sea como sea, aun con su vocación de no casarse con nadie, que eso es mezclar peras y manzanas, el documento en cuestión señala que “no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública”. De un modo totalmente compatible con el viejo adjetivo latino, neuter, no nos han dejado ver qué programa, qué partido es compatible con la fe y cuál no. Vamos que no se nota nada, absolutamente nada qué prefieren. Que los feligreses no encontrarán orientación alguna en este documento de orientación. Casi ninguna, vamos... Y en la COPE tampoco se aprecia... prácticamente. Sólo si uno se esfuerza mucho.

lunes, 7 de enero de 2008

Al César lo que es del César


Empiezo a salir de una gripe insidiosa que me ha fastidiado bien las vacaciones, y no puedo dejar pasar del todo el tema de actualidad política de los últimos días. No lo voy a hacer llenando estas líneas de documentos y enlaces eruditos. En realidad el tema no es de los últimos días, sino de los últimos siglos. No es ninguna novedad para nadie que los dirigentes de la Iglesia Católica han constituido una fuerza poderosísima en la vida pública española a lo largo del tiempo, disfrutando de una situación envidiable: sólo responden ante Dios, que, además, supuestamente, les inspira. Al igual que en otros países de nuestro entorno, como Irlanda, Italia, etc.

No me detendré a hablar de la Inquisición, la Santa Inquisición, porque es un tema histórico bien conocido. No me detendré a hablar del control de la Educación de los niños o de la conciencia de los adultos durante siglos, porque todos lo conocemos. No me detendré a comentar la cercanía constante de los poderes celestiales de la Santa Madre con los poderes terrenales de los monarcas, aristócratas y oligarcas hispánicos a lo largo de los siglos. No comentaré sus malestares con las fuerzas de progreso, con el advenimiento de la 2ª República, con los gobiernos democráticos, con las reformas constitucionales, con la creación de una educación pública. No mencionaré la alineación clara de los hombres de Iglesia con las fuerzas de la reacción antes, durante y después de la Santa Cruzada Salvadora de la patria, el plebiscito armado al que dotaron de argumentario y legitimidad. No hablaré de las entradas bajo palio a los templos del salvador "por la gracia de Dios".

Yo mismo he sido educado en una familia profundamente religiosa, profundamente católica. Cierto es que siempre con un lugar para el sentido común y la capacidad crítica ante los excesos o errores pasados, como la historia "complicada" de inquisiciones, etc. Lo que sigue no es, por supuesto, una crítica a las creencias religiosas de millones de españoles, sino una crítica política a una intervención para mí inaceptable en el tono, en la forma y en la oportunidad. Una vez más.

Los militares son ciudadanos de pleno derecho. Pero no pueden expresar en público opiniones políticas, pues ya tienen el privilegio de llevar armas en su mano. Sus argumentos no pueden verse reforzados por la legitimidad de las balas. Lo mismo podríamos decir de policías, etc.

Los dirigentes de la Iglesia, los obispos, etc., son ciudadanos de pleno derecho que ejercen sin ninguna limitación su actividad, subvencionada en muy alto grado por un estado que es legalmente "aconfesional". Pero su relevancia social nace de su papel como intérpretes del mensaje de Dios para sus fieles. Si utilizan sus tribunas para hacer política, prostituyen su papel.

Y lo hacen. Hacen política. Y la hacen muy mal. Con mentiras, exageraciones. Selectivamente.

Lo dijo Blázquez hace pocos días: "no atribuyamos la crisis de la familia a la izquierda o a la derecha". Pero ya sabemos que no todos opinan lo mismo: "en España, el matrimonio ha dejado de existir legalmente" (Martínez Camino, El Mundo, 6 de enero de 2007).

Con la historia de este país es como poco irónico que la jerarquía eclesiástica hable de libertad y de democracia para referirse a decisiones legislativas de la soberanía popular expresada en el parlamento. En un país como el nuestro, la capacidad del pueblo de liberarse de las limitaciones o restricciones ligadas, no tanto o no sólo a la doctrina de la Iglesia, sino especialmente a las opiniones en todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica, es una necesidad para la expresión libre de la soberanía popular.

Es grave, por otro lado, que se refieran a todo lo que consideran "crisis de la familia" como si ello fuera responsabilidad exclusiva de los gobernantes actuales. El divorcio o el aborto existen desde hace décadas y el PP no se planteó eliminarlos cuando gobernó. La Iglesia no se manifestó entonces. ¿Hacerlo en campaña qué sentido tiene? ¿colaborar para que gane el PP, que ha dicho ya que no piensan cambiar esas leyes? ¿?

De los diez mandamientos y del mensaje de Jesús saco como conclusión que el ideario político que más se le acerca es el de la izquierda democrática. Igualdad, libertad, fraternidad. Amar al prójimo como a ti mismo. Pero la jerarquía eclesiástica en España va de manifa contra un partido de izquierdas, en campaña electoral, aduciendo temas morales, selectivamente achacados a ellos. No fue de manifa contra la guerra de Irak, aunque supuestamente estaba en contra. Parece que el "no matarás" no es pecado mortal si la derecha social lo avala. O no tanto pecado como el divorcio. La nulidad sí vale, porque con ello el matrimonio nunca existió...

La Conferencia Episcopal, dirigida por algunos 'duros' como Rouco Varela ha entrado en la cancha, recuperando un hábito nacional nunca perdido del todo. Agita la moral y la supuesta legitimidad de su hilo divino. Pero olvidan que este país está habitado por ciudadanos libres y tiene el gobierno que elige en las urnas. A mí no me pueden venir a agitar el fantasma del divorcio... hoy. Sé que lo hacen de modo oportunista. Porque en 2000, con el PP y su mayoría absoluta, también se podía uno divorciar. Y no vi ninguna manifestación de obispos. A mí no me pueden vender su pureza. Porque conozco el odio que se ha destilado, con su beneplácito, a través de la COPE. ¡Han avalado la conspiranoia! A mí no me pueden hablar de 'moral' hasta que oiga alguna censura a ciertas palabras de un obispo tinerfeño. A mí no me pueden vender preocupación por la libertad, la democracia o la constitución mientras no respeten a los ciudadanos y a sus decisiones democráticas. A mí no me pueden hablar de justicia mientras acudan a Roma a beatificar a 498 mártires de la Cruzada Salvadora y echen sapos y culebras por la boca a propósito de la Ley de Memoria Histórica.

Y la familia sí importa, claro. A cada cual especialmente la suya.

viernes, 21 de diciembre de 2007

El sol invicto

Las Saturnalia eran una importante festividad romana durante la cual los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas. Vamos, igual que ahora nosotros, humildes trabajadores. Se llamaban así porque estaban dedicadas al dios Saturno, dios referente de la fertilidad de la tierra. Tenían lugar del 17 al 23 de diciembre, a la luz de velas y antorchas. Se trata del período del año con más horas nocturnas en el hemisferio norte. Y conmemoraba el nacimiento del nuevo periodo de luz, o nacimiento del Sol Invictus, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio. Probablemente las saturnales fueran la fiesta de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano. Pero además celebraban el comienzo del fin del reino de la oscuridad, el fin de la reducción paulatina de la luz, el comienzo del crecimiento del sol, vaticinio seguro de la nueva primavera.

Las fiestas están directamente relacionadas con el solsticio, un término astronómico relacionado con la posición del sol en el ecuador celeste. El nombre proviene del latín solstitium, 'sol estático', y hace referencia a una aparente detención del sol en esos momentos en que 'cambia' su rumbo. La existencia de los solsticios está provocada por la inclinación axial del eje de la Tierra. En los solsticios la longitud del día y la altura del Sol al mediodía son máximas (en el solsticio de verano) y mínimas (en el solsticio de invierno) comparadas con cualquier otro día del año. En la mayoría de las culturas antiguas se celebraban festivales conmemorativos de los solsticios. Las fechas de los solsticios coinciden con el paso astronómico de la primavera al verano y del otoño al invierno. En Europa, ante la llegada de los solsticios, y desde tiempos inmemoriales, se han realizado diversas celebraciones rituales que atienden a fenómenos tan maravillosos para nuestros antepasados como los ciclos de la tierra y del sol, las estaciones, la agricultura, la supervivencia de todo y de todos. Tradicionalmente se encendían hogueras, la manera humana de "crear la luz". En el solsticio de verano todos conocemos las hogueras de San Juan, que proceden obviamente de festividades paganas, anteriores al cristianismo. En el solsticio de invierno se celebraba el regreso del sol, de modo especialmente notable entre los romanos y los celtas, los pueblos más influyentes en la constitución de nuestras tradiciones patrias. La tradición es milenaria. Antecede incluso a las Saturnalia de los romanos. La Iglesia optó por unirse al enemigo si no podía derrotarlo, e instauró la celebración por la Natividad de Jesucristo en estas mismas fechas, aprovechando hábilmente el sentir popular, y dotándolas del mismo carácter simbólico de renacer de la esperanza y la luz en el mundo.

Nos encontramos ante celebraciones que nos vienen de la noche de los tiempos, estando ligadas por definición a los tiempos de la noche. También es evidente que las celebraciones tienen componentes religiosos fundamentales. Sea como sea, uno de los arcanos de este período convulso, para mí, es que hay quien parece pensar que apreciar, disfrutar o celebrar las fiestas de la Navidad es de derechas. La cuestión sin duda tiene que ver con una supuesta 'pertenencia' de la religión cristiana a la derecha, algo en lo que trabajan con denuedo personalidades como nuestro Rouco Varela. Lo paradójico es que vivimos en un país en el que el 90 y tantos por ciento de la población se autodefine como 'cristiana' o 'católica', pero donde una clara mayoría se autoubica políticamente en la izquierda. Un día haré una entrada más detenida al respecto. Pero iré adelantando que, para mí, Jesús de Nazaret era un revolucionario de izquierdas.

Hoy sólo diré que niego la mayor a quien me diga que por tener una forma de pensar que pone la igualdad encima de toda consideración no puedo disfrutar, como hice siempre, desde que era un guaje mocoso, de los preparativos y adornos familiares, los espumillones, el Belén, el árbol, el cántico de los niños de San Ildefonso, los ricos platos de la gastronomía familiar, el cava catalán, la sidra asturiana, los embutidos de mi tierra, los langostinos, los turrones de Alicante, las compras, los regalos, Papá Noel y los Reyes Magos, las largas veladas con amigos y familiares, las uvas, la cabalgata y el doloroso comienzo de la cuesta de enero. Sé que a muchos amigos el período les sume en un cierto aletargamiento depresivo, pero yo soy un optimista antropológico, como un paisano mío bien conocido, y prefiero ver estos días con la misma ilusión en que lo hacía con diez años.

¡Felices fiestas! Saciad vuestra hambre y vuestra sed, descansad y celebrad estos días en compañía de vuestros seres queridos.

domingo, 28 de octubre de 2007

Banderas

Quieren que usemos la bandera. Quieren que amemos la bandera. Quieren que besemos la bandera. Pero la bandera es un símbolo que transmite un mensaje. Yo quiero conocer el mensaje antes de agitarla. ¿Qué significa la bandera?

Una bandera es un símbolo. El término símbolo es de origen griego (sym + bólos, en relación con el verbo bállo) y significaría etimológicamente algo así como "lo que se lanza junto con", "algo que va junto con otra cosa", en línea casi con lo que nosotros llamaríamos "con-notación". De una forma muy concreta un "símbolo" para los griegos antiguos era un artilugio que permitía a dos individuos reconocerse, como una contraseña entre dos antiguos amigos o aliados.

¿Qué simboliza la bandera? ¿qué asociamos a su imagen? La respuesta que viene corriendo ella sola a la mente es: la bandera simboliza nuestro país, simboliza a todos los españoles. Pero, ¿es así? ¿Qué simboliza realmente la bandera en las manifestaciones contra el gobierno? ¿a todos los españoles? ¿o a los buenos españoles?

No haré historia de España hoy. No me referiré al uso y abuso de la bandera y de la patria como justificante político-ideológico del fenómeno sociológico que englobamos bajo el concepto 'franquismo'. No quiero insistir demasiado en esta entrada por ahí. Pero me gustaría que alguien me explicara por qué en las manifestaciones, múltiples, del PP en los últimos tres años han aparecido tantas banderas. O qué quieren transmitir, connotar o denotar con ellas los asistentes al acto de beatificación de 498 'mártires' religiosos en la guerra civil.

Yo pillo el mensaje. Creo que no es difícil. Agitar la bandera significa en múltiples contextos que consideras a Zapatero un traidor a la patria, a la que pone en peligro; significa estar en contra de la Ley de Educación, estar en contra del derecho de los homosexuales a contraer matrimonio, estar en contra de Educación para la Ciudadanía, estar en contra de que el legítimo gobierno de España dialogue con ETA (¡rendición en mi nombre no!) salvo si las riendas del gobierno de España están en manos del PP, estar de acuerdo con la conspiranoia, estar en contra de la memoria histórica salvo si se trata de los muertos a manos republicanas, ser nacionalista español y estar en contra de cualquier nacionalismo periférico y desconfiar de las lenguas minoritarias y de quien las usa. Agitar la bandera sirve para dar un porrazo con su mástil en el cráneo al ministro Bono por acudir a una manifestación en favor de las víctimas de ETA y, especialmente, por ser socialista.



Si con la bandera los 'buenos españoles' castigan el cráneo de los que no piensan igual, yo no quiero esa bandera. Si la bandera española divide, yo no quiero esa bandera. Si la bandera no es de todos, no es la bandera de España y no me sirve. Un americano ve en la bandera un símbolo del sistema democrático y de su tierra. Como un británico o un francés. Un italiano o un argentino. Pero en España es la enseña de una parte, de modo que se hurta al todo. Si queremos un símbolo común, no hagamos de él un arma. ¿Qué tal el pincho de tortilla?

domingo, 7 de octubre de 2007

El gobierno del pueblo


En el siglo de oro de la Atenas clásica se acuñó un término político relativamente nuevo: la democracia o 'gobierno del pueblo'. El término proviene del griego antiguo δημοκρατία y fue acuñado a partir de los vocablos δημος («demos», que puede traducirse como «pueblo») y κρατος («kratos», que puede traducirse como «poder» o «gobierno»).


Mi siempre admirado Aristóteles es en última instancia el autor de la tradicional clasificación de las formas de gobierno en tres tipos básicos: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno de pocos, literalmente de 'los mejores'), y democracia (gobierno de muchos o todos, gobierno del pueblo).

Tras siglos y siglos de luchas y enfrentamientos, guerras y divisiones, los regímenes políticos autoproclamados democráticos son cada vez más numerosos en el mundo. Un buen porcentaje de ellos lo son realmente. Nosotros tenemos la enorme fortuna de formar parte de una polis en la que hay una democracia asentada y codificada en un sistema de leyes, la más importante de las cuales es la Constitución aprobada en diciembre de 1978, que garantiza los derechos y deberes de todos los ciudadanos, la división del poder en tres brazos, legislativo, ejecutivo y judicial, y los límites de actuación de las mayorías.


Hoy no entraré en valorar la razón legal o ausencia de ella en el recurso de los herederos del General. Pero quisiera hacer hincapié en el hecho de que se intentan escudar en la Constitución, un parapeto detrás del cual no se pudo refugiar ninguno de los cerca de un millón de muertos provocados por un glorioso Alzamiento nacional, o, dicho de otro modo, una gloriosa muestra de abuso de poder, por parte de quienes habían jurado defender a la nación y decidieron, llegado el momento, imponerse por la fuerza a la voluntad del pueblo soberano. La soberanía nacional había hablado en febrero y los partidos de izquierda habían obtenido en las urnas el mandato de dirigir la nave del estado. Pero los miembros de la tripulación que tenían las armas decidieron que las muchedumbres estaban equivocadas, le pegaron un tiro al timonel y a todo el que se puso en medio, y pusieron a su caudillo al frente. Cuarenta años.

Esto es imponer.



'Imponer', me gustaría aclarar humildemente, no es un término apropiado para una decisión plenamente legal de un gobierno salido de las urnas, la implantación de una asignatura en el ejercicio de sus funciones; una asignatura que tratará por cierto de inculcar valores constitucionales de respeto ciudadano. Efectivamente, la Constitución, el parapeto tras el que no se pudieron esconder todos los miles y miles de españoles que murieron fusilados por el amigo brazo franquista tras ser amablemente confesados por miembros del clero, sostiene que la educación religiosa pertenece a los padres.

Pero se refiere a los padres de los niños, no a los padres con sotana... Y Educación para la Ciudadanía no es una educación religiosa, sino ética. Un día le hablaré de la ética y de la religión, conceptos quizá próximos, pero no intercambiables, amigo Rouco. (Por cierto, ya que estamos en ello, ese mismo artículo de la Constitución impediría en principio que la Religión Católica fuera obligatoria...).

Finalmente, para su tranquilidad, la voluntad de los padres se expresa en la urnas. Por consiguiente, las decisiones del gobierno REPRESENTAN la voluntad de los padres.

Esto no es imponer. Esto es democracia.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Maternidad


Al bueno de Joaquín no le gusta nada. Menea la cabeza de izquierda a derecha mientras, pacientemente, Ana, su amada esposa, se lo explica otra vez. La hija, tan joven, está embarazada. No es una tragedia, no habrá escándalo público, pues su niña está felizmente casada. El problema es más íntimo. La joven pareja no ha consumado el matrimonio. ¿Cómo puede haber sucedido?

El yerno es un pedazo de pan. Un hombre serio, sensato, callado y trabajador, con una capacidad de comprensión fuera de lo común. Hasta el punto de que parece haber aceptado la extraña explicación de la futura madre. Ella insiste en que no ha estado con ningún varón y en que es virgen. De modo que achaca su estado a un milagro divino.

El buen marido parece aceptarlo. La futura abuela, Ana, tan piadosa, también. Pero Joaquín es un hombre pragmático, cercano a la tierra, hecho de otra pasta. Y hay algo que le escama. Aparte de todo, recuerda, el cheque-bebé debería reservarse, según los obispos, a los hijos "de padre y madre conocidos".

Y los 3.500 euros vendrían muy bien a la economía familiar, maltrecha. Pero su hija anda contando que está encinta siendo virgen, y ello produce gran escepticismo a su alrededor; aunque a su marido, el carpintero José, esto no parece inquietarle. En fin, que acepta su papel de padre putativo. Dios quiera que no haya ningún problema y que su adorada María no sea señalada con el dedo. Es la bondad en persona y no merecería ninguna discriminación.

miércoles, 8 de agosto de 2007

El "verdadero" pueblo español

Cardenal Gomá
Sobradamente conocida es la predilección de la jerarquía de la Iglesia Católica Española por las opciones políticas más conservadoras. La cuestión viene de lejos y es perfectamente comparable a lo sucedido en otros países de mayoría católica, europeos y americanos.

Recientemente Prodi en Italia y Zapatero en España han vuelto a sentirlo en sus carnes. Todos hemos sido testigos en los últimos meses de cómo respetables obispos iban de manifa contra el gobierno democrático de España, o de cómo un día sí y otro también encuentran ¿razones? para oponerse a todo lo que decide la mayoría social o a todo lo que alomojó está planteándose abordar. Sin que haya ningún caso precedente de algo parecido cuando el gobierno ha estado en manos de opciones conservadoras (ya sean éstas democráticas o totalitarias, es decir, toda la historia de España salvo los momentos contados en la 2ª república, y del 82 al 96, y del 2004 hasta hoy). Junto a ello, la Iglesia patrocina ese ejercicio de centrismo extremo que atiende al nombre C. O. P. E., y que desvela a los pañoles de bien los arcanos de las reuniones masónicas de Moncloa.

De todos es sabido también el papel que tuvo en la Guerra el anticlericalismo larvado en muchos sectores del pueblo español. Con el estallido de la sinrazón y la violencia de la Guerra entre hermanos de hace setenta años, entre seis y diez mil religiosos murieron a manos de la represión en el bando republicano, en la inmensa mayoría de los casos descontrolada. Todos sabemos de la mucha sangre inocente derramada bien lejos de los frentes de batalla, en un lado y en el otro, motivada por odios viscerales y una sed animal de infligir dolor al semejante.
En ese contexto, altos jerarcas de la Iglesia tomaron partido. Tomaron partido al lado del "verdadero" pueblo español, claro. En contra del gobierno legítimo y democrático, pero "por la libertad" de los españoles de bien... ¿? Sería bueno que alguno nos definiera "libertad". Como en "Libertad Digital", quizá. Quizá quiera ello decir "libertad" de unos pocos de imponerse por la fuerza de las armas a la mayoría. Ésta es la relevancia de hablar de "verdadero" pueblo español, como hace el Cardenal Primado Gomá en su carta pastoral titulada "El caso de España", de 1936, "creyendo interpretar el sentir del Episcopado y del verdadero pueblo español"...

La guerra que sigue asolando gran parte de España y destruyendo magníficas ciudades no es, en lo que tiene de popular y nacional, una contienda de carácter político en el sentido estricto de la palabra... Esta cruentísima guerra es, en el fondo, una guerra de principios, de doctrinas, de un concepto de la vida y del hecho social contra otro, de una civilización contra otra. Es la guerra que sostiene el espíritu cristiano y español contra este otro espíritu, si espíritu puede llamarse, que quisiera fundir todo lo humano, desde las cumbres del pensamiento a la pequeñez del vivir cotidiano, en el molde del materialismo marxista. De una parte, combatientes de toda ideología que represente, parcial o integralmente, la vieja tradición e historia de España; de otra, un informe conglomerado de combatientes cuyo empeño principal es, más que vencer al enemigo, o, si se quiere, por el triunfo sobre el enemigo, destruir todos los valores de nuestra vieja civilización... Estaba España ya casi en el fondo del abismo, y se la quiso salvar por la fuerza de la espada. Quizás no había ya otro remedio...

Quede, pues, por esta parte como cosa inconcusa que si la contienda actual aparece como guerra puramente civil, porque es en el suelo español y por los mismos españoles donde se sostiene la lucha, en el fondo debe reconocerse en ella un espíritu de verdadera cruzada en pro de la religión católica, cuya savia ha vivificado durante siglos la historia de España y ha constituido como la médula de su organización y de su vida."

Gomá, y esto le vendría bien repasarlo a Pío Moa y a sus iletrados seguidores, reconoce, como es obvio, que el Alzamiento fue... un alzamiento contra el gobierno de España. Y trata de desautorizar a la mayoría social con la peregrina pamplina de las ideologías extranjeras, ajenas al genio hispánico. Sí, la justicia social, la libertad y la democracia. Como hoy Educación para la Ciudadanía...

Parece que los nazis alemanes y los fascistas italianos no eran tan extranjeros como los comunistas rusos. En cualquier caso, también se hace eco de las justificaciones franquistas preferidas...

1. En realidad el golpe evitó la revolución bolchevique que estaba en ciernes (y no en plena vigencia como dice Moa): "Nadie ignora hoy que para los mismos días en que estalló el movimiento nacional había el comunismo preparado un movimiento subversivo. Un golpe de audacia en que debía sucumbir todo cuanto significase un apoyo, un resorte, un vínculo social de nuestra vieja civilización cristiana. La religión, la propiedad, la familia, la autoridad, las instituciones básicas del antiguo orden de cosas debían sufrir el tremendo arietazo de la revolución, organizada para destruirlo todo y para levantar sobre sus ruinas el régimen soviético. Cinco años de propaganda, de tolerancia inconcebible, de organización, de acopio de material de guerra permitían presagiar el estallido casi a plazo fijo."

2. Los republicanos son criminales sanguinarios, asesinos de gente de la Iglesia y de derechistas significados. A ello dedica varios párrafos. Para luego refutar las acusaciones de crímenes en el bando franquista: "Quien acusa debe probar. No se demostrará un solo hecho que importe para el ejército nacional un crimen por motivo religioso. Si lo hubiese, debería imputarse a un error particular o a un celo reprobable." De hecho, por cada muerte violenta en retaguardia en el bando republicano hubo tres en el otro. Sin que nadie pretenda que unas muertes justifican las otras. Bueno, él quizá sí lo justificaba.

Lo de la "cruzada", término supuestamente glorioso con el que referirse a la Guerra, lo usó con fruición la jerarquía eclesiástica, como el obispo catalán de Salamanca, Plá y Deniel, autor de la jugosa carta pastoral de 1936 titulada "Las dos ciudades", y de la infame expresión "plebiscito armado" con la que pretendía dar carta de autoridad moral y justa a la victoria con las armas ante la mayoría social. Porque, por si alguien lo ha olvidado, el 16 de febrero de 1936 el Frente Popular, amplia coalición progresista, había ganado unas elecciones democráticas en las urnas.

La deslegitimación de las mayorías sociales de progreso por parte de la jerarquía eclesiástica continúa en nuestros días. Hay cambios sustanciales. Afortunadamente. Pero muchas retóricas y reflejos perviven. Lamentablemente.

jueves, 19 de julio de 2007

CEDA el ppaso



Uno de sus máximos dirigentes de la CEDA fue el salmantino José María Gil-Robles y Quiñones. Era un partido de ideología clerical conservadora. Significativamente, al comenzar la Guerra, muchos de sus militantes y dirigentes se integraron en Falange Española, como es el caso del cuñadísimo Ramón Serrano Súñer.

Como escribe Ricardo Robledo en su recién y interesantísima monografía (Esta salvaje pesadilla. Salamanca en la guerra civil española, Barcelona, 2007, p. xvi) "entre los objetivos de la CEDA sobresalía el de "contener" la sustitución de la enseñanza religiosa por la escuela pública, "devolviendo la tranquilidad a las familias y a las Congregaciones docentes". Gil Robles, educado en el colegio de los salesianos, ya había dejado claras sus intenciones en junio de 1933 al tildar la ley de congregaciones de "tiránica, persecutoria, ...". (...) Y su compañero Cándido Casanueva iba más lejos al exigir a las mujeres católicas salmantinas un rencor cotidiano a gotas:

Tenéis la obligación ineludible de verter todos los días una gota de odio en el corazón de vuestros hijos contra la Ley de Congregaciones y sus autores. ¡Ay de vosotras si no lo hacéis!"

La iglesia católica estaba pasando de controlar de modo casi absoluto la Educación a tener que convivir con una educación pública que seguía normas y leyes definidas por el poder del estado, como la de Congregaciones, de 1933. Ponía los cimientos de una educación pública y laica. Partidos derechistas como la CEDA estaban radicalmente en contra. La jerarquía usaba todo su poder para "defenderse". Son momentos de gran desmesura, no sólo retórica. Tanto de defensores como de detractores de la laicidad. Es una de las causas principales de que la Iglesia se viera identificada por todos con la derecha política en los años sucesivos. Algo difícilmente sorprendente.

Omitiré ahora la cuestión del alineamiento de la Iglesia durante la Guerra, la posguerra, el franquismo o la transición. En realidad, ya he hablado de ello en otras entradas (Laicidad y democracia; El clamor; La "neutralidad" de la Iglesia al desnudo; Plebiscito armado;
Memoria histórica; Muertes de retaguardia en la Guerra Civil). Hoy sólo quiero recordar las campañas de la jerarquía de la Iglesia en contra del actual gobierno de España a lo largo de la legislatura, en temas 'de conciencia' (matrimonio homosexual, EpC) y simplemente políticos (Estatuto catalán, ETA, trasvase del Ebro...).

Un ejemplo es la reciente campaña contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía. A propósito de ello recogeré las recientes palabras de Monseñor Cañizares, arzobispo de Toledo: «Colaborar en la implantación de la nueva asignatura es colaborar con el mal». La frase es de una desmesura semejante a las pronunciadas en los años 30 y me recuerda bastante a la del Cedista antes recogida. Como también otras palabras suyas: "Creo que por parte de los centros con carácter propio debe haber desobediencia civil, además de la objeción de conciencia de los padres. Y no solamente un padre católico, sino cualquier ciudadano aunque no tenga ninguna creencia, porque invade el terreno de los padres, invade el terreno de la conciencia. El Estado no tiene capacidad ni poder para hacer eso".

Es evidente que hoy es sólo retórica, aclaro. Pues la Iglesia no tiene detrás o a su lado hoy por hoy un ejército y un cuerpo social susceptible de tirar por la calle del medio y solucionar a tiros lo que las urnas les denieguen. Afortunadamente, algo hemos avanzado. Pero los reflejos que quedan en las palabras a veces son muy sombríos.

Monseñor Cañizares, el mismo que consideraba la unidad de España "un bien moral", el que no dice si es un bien moral proteger el anonimato de pederastas, el que no se manifestó contra la Guerra de Irak pero sí contra el matrimonio homosexual, el que defiende a la COPE como baluarte de "la verdad", el que luego habla de "relativismo moral", razona, con respecto a EpC, que “el Gobierno ha traspasado sus propias competencias y los límites de los derechos y libertad de los padres y de los alumnos, así como de la libertad religiosa y de conciencia”, pues “el Estado no puede suplantar la sociedad como educador de la conciencia moral”, ni arrogarse “un papel de educador moral”.

Aparte de reclamar para sí la representación de "la sociedad", de cuestionar "quién es el gobierno para...", es casi graciosa la contraposición que hace Monseñor entre "estado" y "sociedad". En una democracia, las decisiones legislativas son tomadas por los representantes del pueblo, luego me encantaría que alguien pudiera explicarme (dado que Cañizares no creo que esté entre mis queridos lectores) dónde está la dicotomía que él establece. Salvo que "estado" sea un eufemismo para "mayoría social democrática" y "sociedad" sea un cuasisinónimo de "Iglesia Católica y fieles".


¿Hay o no desmesura retórica?

viernes, 29 de junio de 2007

Políglota charlatán


Y sigue... "me da mucha pena cuando en su día decidieron contratar a Marchesi para la fundación SM, porque es uno de los sujetos junto con Marta Mata y con Rubalcaba que más daño han hecho a la educación en este país, es decir, si existiera un tribunal de criminales educativos, Marchesi es a uno de los primeros a los que habría que ajusticiar." [...] "Y esto de la educación para la ciudadanía. Tengo mucho interés en leer el libro de Marina... pero además las declaraciones que le estoy oyendo a Marina me parecen de los más inquietantes. Está sustentando principios de fondo que son propios del nacional-socialismo alemán y del bolchevismo". Y sigue...

Como las últimas 'opiniones' de este docto sujeto creo que se comentan por sí solas, y que van, en cualquier caso, en línea con las de algún 'empresario' suyo, no me detendré a comentarlas. Recuperaré, en cambio, una vieja entrada de las profundidades más primigenias de esta bitácora...

(ADICIÓN DE 8 DE OCTUBRE: los datos que siguen proceden del libro de Reig Tapia abajo mencionado) César Vidal tiene 47 años. Habla ocho idiomas, afirma, y traduce dieciséis. Es el nuevo pope de los conservadores de este país. El neósofo de los neocon. Parece el sabio que acompaña al bruto. El equilibrio sensato, contrapunto vespertino de la tormenta del alba de todos los santos. Vende mucho. No hay librería que se precie que no muestre bien visibles sus trabajos, que se venden como churros. Es lo que tiene el prestigio social... ganado con esfuerzo... Eso sí, la producción historiográfica no es como las listas de ventas discográficas. El que más vende no es el mejor. Simplemente es... el que más vende. El que firma el libro no es necesariamente el autor del libro. Simplemente es... el que lo firma.

Afirma tener tres doctorados (Teología, Filosofía e Historia), pero nadie sabe dónde los ha obtenido ni dónde están sus preceptivas tesis doctorales, en cualquier caso no publicadas (un comentarista de nombre chino, Lao Tse, me llama la atención acerca de lo que parece ser una tesis suya publicada en la UNED: "El judeocristianismo palestino en el siglo I; De Pentecostés a Jamnia Editorial Trotta (1995), ISBN 84-8164-037-9 [Tesis Doctoral UNED]"). Afirma ser "catedrático de Historia" en la Logos University, prestigiosa institución... que no existe según Reig Tapia. Hay sólo un Logos College (en el sistema americano la diferencia no es nimia), en cuya plantilla no figura nuestro personaje. Hizo al parecer una visita por aquel colegio, religioso, y de eso le ha debido quedar a él, por ósmosis, la condición de catedrático pegada a la piel. A nada que pensemos, ¿se puede ser catedrático de una universidad americana y tener un programa de radio todas las noches en España? También alguna visita a la UNED lo ha convertido en la solapa de algún libro suyo en catedrático de la UNED, para sorpresa mayúscula de los dirigentes de esta universidad, a los que nadie había informado...

Lleva publicados ¡124 libros desde 1987!, a un promedio de un libro cada dos meses. En los últimos años el ritmo se incrementa: entre 2004 y 2005 publicó 27 libros (más de uno al mes) de temas muy variados como la II República, el antiguo Egipto, el Quijote, el Holocausto, el estalinismo, el cabalismo, el Talmud, Lincoln, las Brigadas Internacionales... Y que en sus ratos libres traduce griego, latín, hebreo clásico, copto, arameo, egipcio, sánscrito..., aunque él mismo concede que "alguno se me ha ido oxidando".

Bien. Voy a decir de modo explícito lo que todo esto evidencia, por si no estuviera claro. El fenómeno César Vidal es eso, un fenómeno... mediático, político. Pero política de ínfima calidad, de baja estofa, de baratija, un sucedáneo de la vida de la polis.

Y tiene muchísima importancia en una democracia. ¿Qué sentido tiene crear este personaje? Nadie con dos dedos de frente se puede creer que sea humanamente posible ser especialista en todos esos temas. Nadie puede dar por bueno que alguien pueda escribir un libro al mes... mientras se hacen todas las demás cosas (ser catedrático en América, presentador de un programa de radio diario en la COPE...). Uno no se hace catedrático de una Universidad por visitar un día sus instalaciones...

El único sentido es dar credibilidad a las tesis sectarias defendidas en los libros que aparecen con esa firma. Dar empaque a las teorías neofranquistas que se presentan como flamantes aportaciones a la investigación histórica, felizmente "rescatada" de la historiografía marxistoide que nos ha ocultado la verdad tras la muerte de Franco. En el paquete han metido ya "la verdad del 11-M", tema al que aplican la misma metodología: tergiversación, manipulación, selección interesada de argumentos o de fuentes, lógica tramposa y acumulación de hipótesis indemostradas sobre bases inexistentes...

De ahí su "moralina política, sus ínfulas intelectuales y sus pretensiones de historiador", en palabras de Alberto Reig Tapia en su fantástico libro Anti-Moa, publicado en octubre pasado, y que he disfrutado enormemente. Es una lectura muy ilustradora. Un muy buen trabajo. Enhorabuena a su autor, quien, por cierto, sí es un respetable catedrático de Universidad, con un currículum impecable (y creíble), publicaciones serias y prestigiosas en el tema de la 2ª República y la Guerra Civil, y que trabaja en una de las Universidades españolas más serias del momento presente (la Rovira i Virgili de Tarragona).

miércoles, 27 de junio de 2007

Seguimos con el laicismo...

Queridos amigos, veo que el tema del laicismo ha interesado y que esta bitácora, con tan fieles feligreses funciona de modo cuasi-autónomo, lo que me maravilla. Sabéis que mi práctica habitual incluye responder a los comentarios. Y además encuentro, tras leerlos, la necesidad de matizar muchas cosas, aunque me encuentro con 28 comentarios y no sé muy bien si todos vosotros volveréis por aquí a leer mis respuestas.

En cualquier caso, abordaré la tarea. Buscad las respuestas al pie de la entrada anterior...

viernes, 22 de junio de 2007

Laicidad y democracia; de nuevo


Hace unas semanas, al comienzo de la vida de esta bitácora, publiqué una entrada que la jerarquía de la Iglesia Católica ha vuelto a poner de actualidad. Dado que estoy haciendo maletas para mi semanita en Asturias, os dejaré con su lectura. Allí quizá pueda entrar en Internet en algún momento, no os abandonaré del todo...

"La Laicidad se configura como un marco idóneo y una garantía de la libertad de conciencia donde tienen cabida todas las personas con independencia de sus ideas, creencias o convicciones y de su condición personal o social, siendo por ello requisito para la libertad y la igualdad". "La Laicidad es garantía para desarrollar los derechos de ciudadanía ya que el Estado Democrático y la Ley, así como la soberanía, no obedecen a ningún orden preestablecido de rango superior, pues la única voluntad y soberanía es la de la ciudadanía"."Creemos que el respeto a todas las opciones que suscita la vida personal y social, el respeto de la discrepancia y de la diferencia y la apreciación de la riqueza de la diversidad de concepciones y valoraciones son pilares esenciales del entendimiento democrático. Sin embargo, el cultivo del derecho de libertad de conciencia y de autonomía moral, ideológica o religiosa de los individuos, debe conciliarse con la potenciación del mínimo común ético constitucionalmente consagrado integrado por el conjunto de valores que constituyen las señas de identidad del Estado Social y Democrático de Derecho: igualdad, libertad, justicia, pluralismo, dignidad de la persona y derechos fundamentales".

CONSTITUCIÓN, LAICIDAD Y EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA. Manifiesto del PSOE con motivo del XXVIII aniversario de la Constitución.

El Portavoz de la Conferencia Episcopal, J. R. Martínez Camino, considera que el manifiesto va "en contra de los principios de un Estado verdaderamente democrático", “amenaza la democracia” y “pone bajo sospecha a la religión y a las instituciones que la representan como si fueran un peligro para la justicia”.

Aparte de lo estimulante que resulta escuchar a la jerarquía eclesiástica tan aguerrida ahora en la defensa de la democracia (es un progreso), mi pregunta es, ¿en qué sentido la laicidad es una amenaza para la democracia? ¿por qué? El que el estado, como tal, no se someta ni apoye explícitamente los posicionamientos de ninguna iglesia, no es en modo alguno atentar contra la democracia, sino, quizá, precisamente, todo lo contrario.

La palabra laico es de origen griego. Es un adjetivo derivado de laos, que significa "pueblo", un cuasi-sinónimo de demos, que también traducimos por "pueblo". Así, democracia es el "poder del pueblo". Laico era en principio "popular", y se usó para denominar a aquella parte del pueblo que no formamos parte del clero. Dicho en latín un laico es un seglar (de saecular-).

Se manejan hoy dos derivados nominales de laico, dos abstractos:

1) laicismo, definido en la Real Academia como: "Doctrina que defiende la independencia del hombre, de la sociedad y del Estado de toda influencia eclesiástica o religiosa".

2) laicidad, que no aparece en el diccionario de la RAE, pero es definido de un modo no muy distinto: "Cualidad de la sociedad, el Estado o las instituciones que actúan y funcionan de manera independiente de la influencia de la religión y de la Iglesia".

Evidentemente, el problema no es sólo la definición teórica de los términos, sino lo que ello implica o dónde se quiera poner el énfasis. En el manifiesto del PSOE, a mi modo de ver, se hace hincapié en la parte de libertad y democracia que el concepto contiene, en el sentido de esta otra definición de un diccionario de la web: Laicidad sería la "neutralidad del estado, de las colectividades locales y de todos los servicios públicos respecto a una o varias religiones, una o varias filosofías".

Desde mi punto de vista, y lamento disentir de Martínez Camino, la laicidad o el laicismo del Estado no sólo no atenta con la democracia o la libertad, sino que las garantiza. En un país como el nuestro (y no sólo desde luego en él, pero significativamente de modo especial en él y en los que han bebido de nuestras tradiciones: "interesante" homilía la del Obispo chileno que ofició el funeral de Pinochet, que me recordó el mejor Plá y Daniel y su "plebiscito armado"), en el que la Iglesia Católica ha participado a lo largo de la historia como un poder de influencias ubicuas interminables, desde los más remotos Tribunales de la Santa Inquisición hasta la más reciente Cruzada Nacional, la capacidad del Estado de liberarse de las limitaciones o restricciones ligadas, no tanto o no sólo a la doctrina de la Iglesia, sino especialmente a las opiniones en todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica, es una necesidad para la expresión libre de la soberanía popular (=laica, dicho en griego).

Por supuesto, como reclama hoy la jerarquía eclesiástica y como DE MODO EXPLÍCITO reconoce el manifiesto del PSOE (y la Constitución española), la Iglesia puede e incluso debe plantear y defender sus posiciones ante cuestiones de orden moral, que han de servir de guía a aquellos ciudadanos que tengan a bien escucharles o atenderles. Pero es que el laicismo o la laicidad en modo alguno impiden esto. Lo que plantean es que, en una sociedad en la que la Iglesia, como el resto de religiones, tiene derecho a plantear sus posiciones, no tendrá no obstante capacidad jurídica ni política para obstaculizar decisiones de la soberanía popular que no respondan a sus directrices. La Iglesia Católica podrá opinar y su opinión siempre pesará mucho en un país católico en su inmensa mayoría, incluso aunque nuestra Constitución defina al Estado como aconfesional. Pero lo que no podrá será imponer sus creencias a la mayoría del pueblo si en un momento o cuestión determinados se encuentran en campos contrarios. De no ser así, no habría democracia ni libertad. Habría un poder totalitario: el de la Iglesia Católica.