
En los comentarios de mi
entrada Odín de Borbón del sábado pasado, me comprometí a tratar más despacio el concepto
fascismo asociado a la figura de José María Aznar, presidente del gobierno español entre 1996 y 2004 y en gran medida responsable del PP moderno, el gran partido político que ha sabido aglutinar con métodos más o menos acertados a las distintas opciones políticas de centro derecha y de derecha extrema de la España contemporánea, con la notable excepción de los nacionalismos periféricos. La cuestión surge a propósito de la calificación del presidente venezolano, que ha llamado a Aznar
fascista varias veces ya.
El fascismo (del italiano fascio, 'haz' y su plural fasces, a su vez del latín fasces, pl. de fascis) es en ciencia política un término preciso acuñado en referencia a un haz de 30 varas (una por cada curia de la antigua Roma) atados de manera ritual con una cinta de cuero rojo formando un cilindro alrededor de un hacha. Aunque originalmente era el emblema de los reyes
etruscos, fue adoptado igualmente por los monarcas romanos y pervivió luego durante la república y parte del imperio. Este símbolo de poder, enraizado como vemos en el pasado glorioso de la antigua Roma, es el nombre originalmente italiano de una ideología y un movimiento político
totalitario que surgió en la Europa de entreguerras (1918-1939) en oposición tanto a la democracia liberal (el sistema político que representaba los valores de los vencedores en la Primera Guerra Mundial, como Inglaterra, Francia o Estados Unidos, a los que considera "decadentes") como al movimiento obrero tradicional (anarquista o marxista, este último escindido a su vez entre la socialdemocracia y el comunismo, que desde 1917 tenía como referente al proyecto de estado socialista que se estaba desarrollando en la Unión Soviética). Radicalmente contrario a ambos, se presenta como una tercera vía.
El
fascismo como doctrina
exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo. Utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder en el que se concentra todo el poder. Aprovecha los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda, y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de forma irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población. Es expansionista y militarista.
El concepto de régimen fascista puede aplicarse a los sistemas políticos autoritarios de la Europa de entreguerras y a los que se imponen por todo el continente durante la Segunda Guerra Mundial; de un modo destacado y en primer lugar a la Italia de Benito Mussolini (1922) que inaugura el modelo, seguida por la Alemania de Adolfo Hitler (1933) que lo lleva a sus últimas consecuencias, y cerrando el ciclo, la España de Francisco Franco (desde 1936) que se prolonga mucho más tiempo y evoluciona fuera del periodo (hasta 1975 al menos). El fascismo en la Alemania nazi o nacional-socialismo añade un componente racial, adoptado en un segundo momento por el fascismo italiano y el resto de movimientos fascistas o fascistizantes, para los cuales el componente religioso es mucho más importante, tanto que Trevor-Roper ha podido definir el término Fascismo clerical (entre los que estaría el nacionalcatolicismo español). La componente social del fascismo pretende ser interclasista: niega la existencia de los intereses de clase e intenta suprimir la
lucha de clases con una política paternalista, de
sindicato vertical y único en que trabajadores y empresarios obedezcan las directrices superiores, como en un ejército. Tal es el
corporativismo italiano o el
nacionalsindicalismo español.
Se considera al
fascismo un movimiento de
derechas ya que los aliados del fascismo históricamente han estado en las clases económicas más poderosas y en los sectores tradicionales y conservadores. El fascismo es un movimiento "totalitario" en la medida en que aspira a intervenir en la totalidad de los aspectos de la vida del individuo, y no permite la disidencia. Se caracteriza por ser
anticomunista,
antiliberal, oponerse a la
democracia de partidos, a la pluralidad y a la variedad. Promueve la unidad de la
Patria, ante todo. Postula en lo económico un tipo de
capitalismo corporativista. El fascismo desdeña las instituciones del Estado
republicano y sustituye el
voto como expresión de la voluntad popular por las expresiones masivas de apoyo al líder. El líder es casi divino y su liderazgo no es racional: "Führer", "Duce", "Caudillo", etc.
El alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 supuso en España la conjunción más o menos duradera de intereses de los falangistas, el partido fascista español, junto con los tradicionalistas católicos, la Iglesia, el ejército y en definitiva los sectores más conservadores de la sociedad. Durante los primeros momentos el decisivo apoyo prestado por los regímenes fascistas italiano y alemán, junto con la ausencia de apoyo paralelo de las democracias burguesas occidentales al bando republicano, supusieron una clara inclinación de la balanza militar. El tardío, tibio y caro apoyo soviético no supuso a la larga contrapeso suficiente. Ya durante la guerra se aplicó, por parte del bando leal a la república, el término "fascista" al bando rebelde (autodenominado "nacional"). Era un término perfectamente apropiado. Las características del régimen levantado poco a poco en torno a la figura del "caudillo" eran fascistas en un alto grado, al menos en sus apoyos internacionales y en la simbología más externa. Porque la vertiente social del fascismo no gozó de mucha atención nunca por parte de Franco. La derrota de los regímenes fascistas en la 2ª guerra mundial supuso un paulatino alejamiento por parte del camaleónico Franco de todo lo que sonara en Occidente a fascismo. Se alineó con las posiciones del tradionalismo católico español, e hizo hincapié en el anticomunismo, algo que le acercaba a la Europa y los EEUU de los años previos a la guerra fría.
Pero el régimen seguía siendo totalitario, caudillista, militarista, centralista, todas ellas características definitorias de fascismo. Se convirtió en una especie de fascismo sui generis, adaptado a los intereses de quien siguió siendo Caudillo por la gracia de Dios hasta su muerte.
En la actualidad con frecuencia se usa el término "fascista" para referirse a la extrema derecha y a las ideas de corte racista y autoritario. En general, se suele denominar "fascista" a todo el que intenta imponer por la fuerza su criterio sobre el de los demás. Y existen seguramente toda una serie de derivaciones y usos semánticos semejantes, de tipo secundario.

Aparte de que se ha llamado la atención sobre artículos de juventud (
1969,
1979) en los que parece coquetear con tesis o actitudes políticas propias del franquismo, el propio José María Aznar López en el 2000, cuando ya era presidente, en declaraciones a ABC, refiriéndose a su abuelo, el falangista Manuel Aznar Zubigaray confiesa:
"no puedo negar que su influencia en mi manera de pensar y actuar ha sido decisiva, incluso determinante. Es verdad que colaboró con entusiasmo con el Generalísimo Franco. Es verdad también que en nuestra Guerra Civil se sumó con indisimulado entusiasmo al bando que le era más familiar y que se dice que más o menos fue el sublevado. Es verdad que ocupó cargos de responsabilidad en el régimen anterior (...) Pero también y eso me emociona recordarlo es el mismo que escribió un libro apasionante que he releído hasta sabérmelo de memoria y cuyo nombre lo dice todo: "Historia Militar de la Guerra Civil". Os lo recomiendo. Es muy ameno y cuenta con detalle lo que sucedió en lo que él llamaba con acierto "nuestra guerra de liberación". "Generalísimo", dice. "Con acierto", dice. "Con acierto", dice el "liberal clásico". "Con acierto"...
Hay hoy una tendencia manifiesta en el PP de recoger, como el coche escoba, los rescoldos del franquismo sociológico, los ciudadanos en mayor o menor grado conformes o tolerantes con el régimen fascistoide del "caudillo" (
recordemos las palabras recientes de Mayor Oreja que definía el período como 'un período de extraordinaria placidez'), que podemos detectar
en una resistencia llamativa a condenarlo, y una proclividad obvia a la minimización de los graves daños causados a la sociedad española. En la última rueda de prensa tras el Consejo de Ministros antes del verano de 2003, Aznar, presidente democrático del gobierno de España, tuvo el gesto absolutamente insólito de recomendar la lectura del pseudo-historiador neofranquista Pío Moa, heredero de éxito de las tesis de la línea de propagandistas del régimen desde el biógrafo hagiográfico Arrarás, pasando por Ricardo de la Cierva y llegando al fenómeno mediático de hoy, en que somos testigos de un verdadero renacimiento, con Moa y Vidal en lugar destacado, capaces de influir en medios como la COPE, en editoriales de El Mundo del otrora 'progre' Pedro J., la 'muy libre' Telemadrid, y políticos punteros del primer partido de la oposición.
José María Aznar, su FAES y su guardia pretoriana (Acebes, Zaplana, Mayor Oreja, Aguirre) representan, para mí, una derecha española que no reniega del todo del franquismo, que lo asume y lo quiere privar de sus supuestos pecados originales, para cargarse de legitimación ante la izquierda que tenía, en origen, la fuerza del antifranquismo de su lado. La guerra alomojó sería en realidad culpa de la república, en particular de los socialistas, que la iniciaron en Asturias en 1934, y la democracia es algo que alomojó tenemos gracias a Franco que puso las bases de la dorada transición que hoy traiciona Zapatero y la izquierda estalinista y radical que representa...
El PP no es totalitario porque respeta el juego democrático básico. Aspira a controlar el poder por métodos democráticos, aunque recurra, de modo a mi entender especialmente obvio en la última legislatura, a lo que sea para conseguirlo. A los más sucios ardides y falsos debates (la supuesta rendición a ETA, el queremos saber la verdad del 11-M). La mentira, la manipulación, el ataque masivo a la figura, la persona de un líder que convierte en chivo expiatorio y enemigo público (ZP). La lucha antiterrorista. La política exterior. La moral de la moral. La ruptura de España. Pulso en el poder judicial. Conspiranoia. Hipernacionalismo centralista excluyente e intolerancia ante los nacionalismos periféricos.
Iglesia. Patria. Dios. Moral. Caudillismo. Militarismo (Irak). Medios de comunicación (o de intoxicación). Inmigración. Denigración del oponente, amigo de ETA y de los islamistas. Antisemitismo (los árabes también son semitas).
El gobierno democrático de Aznar tuvo un papel oscuro durante su última legislatura, en una asonada militar en Venezuela. Un golpe de estado contra el presidente democrático de la república bolivariana. El populista y grosero Chávez. Que será lo que queramos, pero era el líder democrático de una democracia soberana. Los venezolanos son los que eligen a su gobierno. No los demás. A mí, por ejemplo, me encantaría poder votar en las elecciones de EEUU. Pero votan ellos. Igual que sucede en el Caribe. Hoy hay una clara deriva peligrosamente próxima a lo totalitario en Venezuela. Pero esto es harina de otro costal. Las acciones (no demostradas a mi entender) del gobierno de Aznar en vísperas del golpe de estado son sospechosas. Las acciones (conocidas) del gobierno de Aznar tras el golpe de estado (reconociendo rápidamente al nuevo 'régimen') son bochornosas. No podemos pedir que se borren de la memoria de las víctimas de aquella intentona. Chávez tiende al totalitarismo, parece. Pero ha sido elegido democráticamente de modo claro y con apoyo popular masivo. No es desde luego un gorila, ni un primate o un antropoide como de modo burda e inaceptablemente racista le llama el talibán de la mañana. Pero tampoco es precisamente un politólogo. Ha aplicado a Aznar un apelativo, fascista, que no considero apropiado de modo preciso. Sólo si fascista es un mero sinónimo de "político de derecha extrema" (que no de extrema derecha), podríamos llegar a aceptar pulpo como animal de compañía.
Por mi parte yo definiría a Aznar como un político, de corte democrático, de derecha radical, aunque fue capaz de aglutinar a toda la derecha, hasta la más moderada, en torno a 2000, disfrazado de cordero en el viaje nunca concluso de la vieja AP al centro político, al espacio dejado libre por UCD y que nunca han terminado de dominar (y menos tras la involución de los últimos tres años). Muestra tendencias al caudillismo, usa de modo exagerado del nacionalismo centralista y no se detiene ante casi nada (11 a 14 de marzo de 2004) en su lucha política, sin cuartel, por el poder. Ha trasladado al tablero de la monarquia parlamentaria y democrática ciertas retóricas del franquismo, cuya cara quiere lavasr, y en ese sentido, para mí, muestra claras actitudes que yo llamaría 'neofranquistas' o 'neocon' mejor que fascistas. Porque creo que bebe de las fuentes del tradicionalismo español que corre por sus venas y a su vez de los manantiales del pensamiento neocon norteamericano.
Para mí Aznar es el primer y principal responsable de la deriva enloquecida de la vida política y mediática de nuestro país, de la fase enfermiza en que hemos entrado desde las 7:40 am del 11 de marzo de 2004. Sólo espero que el 9 de marzo de 2008 permita que las aguas vuelvan a su cauce. Y creo que el único modo de lograrlo es que el PP reciba una severa derrota, y que sus líderes y apoyos sociales comprendan que éste no es el camino.