Delfos
Animal político tiene que hacer honor a su santo patrón. Aristóteles. La Grecia antigua ha tenido por ahora poca presencia real en esta bitácora, pero me comprometo a ofreceros periódicamente reflexiones desde ese ámbito de las que se puedan extraer enseñanzas para el análisis de nuestra polis contemporánea. Hoy me parece un buen día. La actualidad política me tiene un poco hastiado y no quiero repetirme mucho. Vamos a echar un vistazo a la capacidad de análisis que muestran los griegos antiguos para con sus creencias y sus modelos vitales.
Ya desde la antigüedad griega uno de los principales 'usos' que se dio a la mitología tradicional, ese conjunto de relatos y de mitos que constituye una fuente esencial a la vez para la religión y para la literatura helenas, es el de paradigma, ejemplo, modelo de vida. Como dice Carlos García Gual, el “mito es un relato tradicional que refiere la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano”.
El mito ocupa de hecho un lugar central en la educación antigua, y se constituyó en una fuente continua de reflexión moral. Entre las tareas atribuidas tradicionalmente al gramático (maestro), el mito proporciona a la escuela una enorme cantidad de material especialmente en lo concerniente a la tarea llamada juicio (krísis). La orientación de este juicio no es fundamentalmente estética, sino de carácter moral. Es una búsqueda de la virtud (areté), o dicho de modo más 'moderno', de la moraleja de un relato.
Pero los mitos clásicos no son exactamente un conjunto de inocentes cuentos infantiles. Contienen muchos aspectos susceptibles de no ser considerados apropiados para mentes que se están formando (violaciones, asesinatos, robos...). En las escuelas griegas, de hecho, sin que pueda quizá hablarse de 'censura' pura y dura, los maestros seleccionaban para los niños pasajes llenos de lo que ellos consideraban ejemplos poéticos nobles y con hermosos modelos de conducta.
Uno de los atractivos más seductores de la Grecia clásica es lo lúcidamente modernas que resultan muchas reflexiones críticas. Así, muchos de los valores morales que traslucen los mitos, estos exempla, eran comprendidos con dificultades ya por los griegos antiguos. Si los personajes divinos han de constituir modelos de vida y los dioses violan doncellas, roban, matan, son vengativos y perversos, etc., hay algo que "no casa". Y de ahí pudo Eurípides decir: “Si los dioses hacen algo vergonzoso, no son dioses”, en un rapto de libertad de expresión sin consecuencias realmente admirable. Pero es que los griegos no creían que su teología fuese de origen divino. Heródoto (II 53, 5-8) dice de Homero y Hesíodo: "ellos son los que han creado la teogonía para los griegos y los que han dado los nombres a los dioses y han descrito sus formas". Ello facilita la crítica al mito tradicional, pues no es atacar algo divino en origen (como los libros sagrados de las grandes religiones monoteístas), sino atacar a autores de carne y hueso. Incluso esas críticas podían verse como un pío intento de restituir la verdad.
Existe una larga lista de autores que se permiten hacer críticas más o menos claras a esa teología tradicional. Convencidos de que los poetas antiguos habían creado la mitología, se creían con el mismo derecho que ellos de recrearla. Así, Homero dice en la Odisea (XX 201ss.):
No hay deidad más funesta que tú, padre Zeus, que no tienes
compasión de los hombres: después de engendrarlos tú mismo,
en desgracias los sumes y en penas crueles…
Pero es Jenófanes, en el siglo VI a. de C., quizá el primero en atacar con claridad y explícitamente la teología mítica tradicional. Nos cuenta lleno de ira: "Homero y Hesíodo han atribuido a los dioses todo aquello que, entre los mortales, está sujeto a la vergüenza y a la culpa: robo, adulterio y engaño mutuo". Sus afirmaciones son rotundas: ningún hombre sabe ni sabrá nada seguro nunca en lo que se refiere a los dioses. Así todo lo que se cuenta de ellos no es 'científico', sino que se trata solamente de creencias, por lo demás absurdas para él. Ataca frontalmente el antropomorfismo de los dioses en la fe popular y en los autores anteriores: "los mortales creen que los dioses nacen como ellos, que tienen sus ropas, sus voces y sus cuerpos"; "los etíopes retratan a sus dioses negros y chatos, los tracios con los ojos azules y pelirrojos"; "si los bueyes, los caballos y los leones tuviesen manos y supiesen dibujar como los hombres, representarían también las formas y los cuerpos de los dioses tal y como son ellos mismos: los caballos los harían a semejanza de los caballos y los bueyes a la de los bueyes".
Puede decirse más alto pero no más claro. Pero un paso adelante lo da Critias, al cuestionar claramente la propia existencia de los dioses. Es llamativo por su claridad su texto acerca de la "invención" de los dioses por parte de un hombre sabio para combatir los delitos ("un hombre sabio y muy listo tuvo la idea / de inventar el temor a los dioses para los mortales, para / que los malos temieran si incluso en secreto / hacían, decían o pensaban algo"). El inventor es un mentiroso: "con estas historias / introdujo la más placentera de las enseñanzas, / y ocultó la verdad con un cuento falso". Tales afirmaciones no las hace Critias, sino Sísifo, el impío. Pero sus palabras serían compartidas por muchos y harían reflexionar a muchos otros. Todo un manifiesto de agnosticismo quinientos años antes de Cristo.
Paradójicamente, Sócrates fue acusado de impiedad por "poner en duda la existencia de los dioses tradicionales", y tomó la cicuta rodeado de sus fieles discípulos en una última lección moral inolvidable para ellos y para Occidente. Incluso en Grecia se podía caer en desgracia por problemas de conciencia.