Aristóteles, Política (1253a):

"Según esto es, pues, evidente, que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social; [....] Y la razón por la que el hombre es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales -ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso o agradable y de poder significar esto los unos a los otros-; pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado."
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viernes, 7 de noviembre de 2008

PP-Republicanos; PSOE-Demócratas. Y que se dejen de gaitas

La política americana tiene diferencias notables con la europea. Pero también tiene similitudes. Después de los experimentos con regímenes parlamentarios en la Europa antigua, la restauración de la democracia es un fenómeno anglosajón, especialmente norteamericano. Que los padres fundadores de los Estados Unidos tuvieron en mente a la antigua Roma es evidente si pensamos en la arquitectura neoclásica de sus edicios oficiales, así como unas cuantas denominaciones: Capitolio (una de las siete colinas romanas), o, simplemente, el Senado. El Senado era en Roma la reunión de los senex, los ancianos sabios, venerables y dotados de dosis importantes de poder político.

Es claro que el sistema americano es un sistema bipartidista en que se reflejan dos sensibilidades sociopolíticas. Desde una óptica europea tradicionalmente se ha sentido que ambos grandes partidos están políticamente muy próximos entre sí. Algo con lo que yo no estoy de acuerdo, adelanto. Todos los países europeos, con sistemas electorales diferentes, tienden actualmente a un marcado bipartidismo, que tiende a reflejar las mismas diferencias sociopolíticas, las mismas sociedades gemelas y enfrentadas políticamente. En el detalle puede haber alineaciones distintas en temas distintos (Blair apoyando a Bush y Chirac oponiéndose con motivo de la guerra de Irak), pero el modelo de los partidos de derechas y el de los partidos de izquierdas es claramente exportable.

De hecho, la radicalización del partido republicano a partir del ascenso de los neocon de la mano de Bush es el motivo que justifica, para mí, el resurgimiento de la derecha dura y sin careta del aznarismo desde 2001 aproximadamente. Esa actitud perdonavidas y chirriante del conglomerado derechista español contemporáneo o la acusación de terroristas a quienes no coinciden con ellos (ver foto). Ese Jiménez Losantos ridiculizando a Obama porque es "clarito" y un fraude de negro que ni siquiera tiene antepasados esclavos, frente a su esposa, Michelle Obama, que, ella sí, es "una arpía y una negra profesional". Sí, las barbaridades de la derechona hispánica excede con mucho lo que se atreverían a siquiera insinuar en público los republicanos de Estados Unidos.


De tanto buscar, ha encontrado varias:

  1. - Moragas dice que Obama está a la derecha del PP; pero olvida, por ejemplo, que Obama se manifestó en Washington contra la guerra de Irak allá por 2003;
  2. - Jiménez Losantos, César Vidal y compañía atacan a Obama por radical peligroso, imberbe, niño bonito, amigo de terroristas, "una caricatura que no ha hecho nada en la vida",
Conclusión. Es evidente que, mutatis mutandis, el partido demócrata de Obama representa a la población norteamericana de izquierda y centro izquierda, como el PSOE en España. Mientras, el partido republicano de Bush, repudiado por el más centrista McCain, es el que mejor engarza con el PP aznarista y copeliano. Yo corregiría a Moragas: McCain está a la izquierda del PP. El PP pone los pies encima de la mesa de Bush.

He leído los dos libros de Obama y os aseguro que la visión política que tiene detrás coincide al 80 o 90% con la de los socialistas españoles. Tiene además una capacidad didáctica inaudita en un político. "Spread the wealth around" (redistribuir la riqueza) es el argumento que dio al famoso Joe el fontanero para justificar su postura de subir los impuestos a los más ricos para podérselos bajar a los pobres. Supuso muchos ataques desmesurados de McCain, que le llamó socialista, como un insulto, incluso marxista y antiamericano. McCain, cuyo lema era "El país lo primero" (y no se refería al periódico), consideraba antiamericanas las propuestas de Obama en impuestos.

No sé para vosotros. Para mí está claro, muy claro, con quién asociar ambos partidos americanos. Y no sólo para mí. Oyéndonos hablar de política este verano con sus padres, una niña de 12 años de San Francisco le explicaba a su amiguita: "Do you know? In Spain the republicans are the good guys..." ("¿Sabes? En España los republicanos son los buenos").

jueves, 4 de septiembre de 2008

El poder de la fe

Los humanos tenemos un problema duro. Somos unos mamíferos con especial desarrollo de la capacidad cognitiva. Esto nos lleva a ser conscientes de nuestra propia muerte y la de nuestros seres queridos, uno de los tragos más duros a los que hacer frente.

La conciencia de que la vida sobre la Tierra tiene un fin seguro llevó a antepasados nuestros en todos los continentes a creencias de diverso tipo acerca de una hipotética vida de nuestra alma en otro plano de realidad incorpórea, dado que un ser querido al morir pierde el halo de vida, pero nos deja su cuerpo inerte, carente de su soplo de vida, que parece haber 'volado' a otro lugar.

Supongo, sin ser un teólogo ni un antropólogo, que éste es en esencia el estímulo del surgimiento entre humanos de la fe en una vida más allá de la muerte.

Este asunto complejo parece que pedía a gritos la ayuda, la explicación que miembros señalados de la comunidad podían ofrecer al resto de conciudadanos. La casta sacerdotal tendría que explicar a los atónitos animales políticos qué sucede al morir, qué esperanzas hemos de tener, qué nos espera más allá. En torno a todo esto se crea una fe. Otra comunidades tienen otra fe. Las creencias no siempre coinciden en todo, pero con frecuencia tienen coincidencias impresionante en continentes distintos.

Una derivación natural es creer que un comportamiento determinado en esta vida condiciona la suerte o el destino en la vida del más allá. Natural porque está presente en todas las religiones, de un modo o de otro. Es decir, se relaciona la correcta actitud de convivencia en la comunidad humana con el premio de una vida mejor más allá de la muerte.

Desde muy pronto los humanos percibieron que, además del loable y satisfactorio efecto en la correcta y justa convivencia que estas creencias entrañaban, todo esto significaba un poder enorme sobre la comunidad. La influencia política, la influencia de la casta sacerdotal sobre la vida de la polis es potencialmente gigantesca. Quien está dotado de la voz divina es una fuente de orientación del comportamiento ciudadano en lo moral... y en lo social, en lo político. Quien nos habla en nombre de Dios puede modular y modula nuestras creencias acerca del bien y del mal en la vida de nuestra polis. La batuta de la moral. Quien dirige la orquesta, suma las voluntades de los seguidores y les lleva adonde cree justo si es capaz de mantener su autoridad.

Pero los humanos tenemos una naturaleza muy peculiar. Somos proclives al atajo y al abuso. De intérprete de Dios en beneficio de mis semejantes puedo fácilmente pasar a intérprete de mis intereses usando el nombre de Dios en vano para dominar a mis semejantes.

Es un comportamiento que ha conocido la humanidad en todos los siglos y en todos los continentes, en un grado o en otro. Recuerdo la influencia política del oráculo de Delfos en la Grecia clásica. Recuerdo la Inquisición. Recuerdo a los puritanos de Norteamérica y las desdichadas jóvenes de Salem, Massachusetts, quemadas en la flor de sus vidas por 'brujas'. Recuerdo las Cruzadas, el terromismo islamista, y la lista es interminable.

Siempre ha habido creyentes sinceros e intérpretes sinceros de cada fe. Esto es otro asunto. El poder político ha invadido el argumento de la fe para hacerse con su batuta. O el argumento o batuta de la fe se ha servido de esa autoridad moral para hacerse con el poder político de hecho o de derecho. Repetidamente, en repetidas formas, con los mismos o distintos ropajes.

La separación de la Iglesia y del Estado fue el modo en que las democracias occidentales modernas trataron de atajar las interferencias. La idea es buena, pero aún no la hemos aplicado.

La moral es del individuo. Pero la autoridad moral es un arma que se usa en la comunidad a gusto de quien tiene la batuta. Los family values dieron seguramente la victoria a Bush en 2000 y, sobretodo, en 2004. El uso del nombre de Dios sigue centrando la política del partido republicano en los Estados Unidos de América. Los neocon han descubierto hace décadas que eso les puede hacer ganar o perder elecciones. Hay millones de votantes que votan atendiendo sólo a esto.

Si la hija de Palin está embarazada con 17 años ello sólo muestra que es anti-aborto. El que se haya quedado embarazada siendo menor de edad no es problema. Porque su madre no es la candidata demócrata. Si lo fuera, sí sería un problema. Hace pocos días, mi amigo R. Almazán nos traía una imagen escalofriante: ciertos fundamentalistas cristianos norteamericanos consideraban un justo castigo divino el accidente aéreo de Barajas, por ser el nuestro un país de maricones...

Utilizar la religión para crear un pool de aturdidos votantes idiotizados, que se pueden contar por millones, es una tentación muy grande en la que caen con frecuencia quienes más hablan de su fe como factor legitimador de sus pretensiones políticas.

No creo preciso repasar el papel político de la Iglesia Católica en España y la autoridad moral que han ejercido y ejercen los miembros de su jerarquía a lo largo de los siglos y hasta hoy. No creo preciso hablar de la COPE o de la polémica con Educación para la Ciudadanía.

Pero he pensado en todo esto al conocer que Esperanza Aguirre, la lideresa, ha acudido a la Convención Republicana de los Estados Unidos a prestar su apoyo a McCain. Aguirre se autodefine como liberal, pero apoya a un candidato que ha elegido como vicepresidenta a una señora que aboga por la enseñanza del creacionismo, una mujer que no cree en la educación sexual, y que tiene una hija de 17 años embarazada, que milita contra el aborto y cree que la guerra de Irak responde a un designio divino. El liberalismo de Aguirre es polisémico, sin duda.

jueves, 7 de agosto de 2008

La libertad es la libertad es la libertad


¿Hay alguien que crea que la libertad es algo malo? ¿Alguien cree que ser libre es un castigo? ¿Quién no quiere ser libre?

Somos libres, dice el eslogan de la COPE. Libertad digital, llama Jiménez Losantos a su chiringuito panfletario de la web.

Libertad, igualdad y fraternidad. ¿Quién no quiere la libertad? ¿Quién no simpatiza con quien afirma luchar por la libertad? ¿no es la libertad la esencia de la democracia?

¿Qué es la libertad? ¿qué es ser libre? ¿quién luchó históricamente por la libertad? ¿quién se opuso a la libertad? ¿libertad de quién? ¿para quién? ¿para qué?

George Bush afirma que Guantánamo existe en beneficio de la libertad... ¿conoce alguien sofisma más repugnante? ¿Guantánamo existe por la libertad? ¿la de quién? Supongo que Guantánamo existe porque cierto presidente de cierta superpotencia se siente LIBRE de acabar con la libertad de terceros sin atender a ley alguna. Sí, Guantánamo es un monumento a la libertad... Sí, sin duda...

Somos libres, dice la COPE. De insultar, calumniar, injuriar. Son libres de ello, parece. Y de machacar al juez que dictamina que eso no está bien. Porque, resulta, Gallardón y Carcalejos también son libres. Libres de que nadie pisotee su nombre, su honor, su dignidad.
Cuando la libertad se adultera y la ignominia se disfraza de virtud, se desnaturaliza. Deja de referirse a lo mismo.

Cada ciudadano en una democracia es libre. Pero su libertad acaba ante la libertad de los demás. Ante la ley. La libertad de expresión no incluye derecho alguno al insulto y la calumnia.

La libertad religiosa no consiste en que la Conferencia Episcopal sea libre de restituir una enseñanza obligatoria de la religión católica. Precisamente porque si es obligatoria acaba con la libertad de los creyentes en otras religiones o en ninguna. Libertad religiosa significa, mal que le pese a la COPE, la libertad de cada ciudadano de elegir libremente su creencia religiosa, o su no creencia en religión alguna. Ésa es la libertad religiosa. Eso es ser libre.

Ser libre es poder alcanzar tus objetivos, obtener lo que deseas y llevar a cabo tus sueños sin limitaciones más allá de la ley, y sin imponer limitaciones con tus actos a los objetivos y sueños de los demás. Si la "libertad religiosa" a la que aspiras implica que los demás pierdan la suya, amigo, eso no es "libertad", es otra cosa.

Si la "libertad" que defiendes incluye poder encerrar en la mazmorra a cualquiera que te parezca sospechoso por tener los ojos negros y llamarse Hussein, eso no es "libertad". Es otra cosa.

Si ahora resulta que podemos llamar "libertad" a la opresión de otros, quizá mañana podamos llamar "tocino" a la velocidad.

Gracias otra vez, George Lakoff (Whose freedom? The battle over America's most important idea, Nueva York, 2006).

lunes, 14 de julio de 2008

La verdad nos hará libres

He escrito sobre este tema varias veces, con distintos enfoques. Un blog es un lugar particular para la reflexión. A diferencia de un libro, el lector no suele ir a repescar otros capítulos, o no dispone de toda la información a la vista. Reflexiones importantes y perfectamente actuales pueden quedar escondidas en los viejos fondos. El autor del blog las puede tener más o menos presentes, pero tiende a no ponerlas de nuevo a la luz por la incómoda sensación de repetirse.

Pero hay temas que me parece importante no olvidar nunca. Reflexiones que tienen mucho que ver con el surgimiento mismo de este blog, que nació de la necesidad de hablar, de decir, de contar, de explicar, de razonar, de argumentar, de pensar, de suscitar la reflexión y el pensamiento, de animar a la discusión o a la contraargumentación, de abrir ojos, de poner puntos sobre las íes, de plantear un punto de vista sosegado, tranquilo, bienintencionado.

Nuestras sociedades occidentales contemporáneas son posiblemente el mejor entorno de convivencia social y política que el hombre ha sido capaz de poner en funcionamiento a lo largo de la historia, desde que nuestra especie abandonó las estepas africanas, perfeccionó el bipedismo y logró la chispa que definimos como pensamiento abstracto.

En nuestro entorno, no obstante mejorable, la batuta la llevan líderes elegidos tras consulta ciudadana. Líderes que deben responder a las leyes y gobernar con justicia. Líderes que, en cualquier caso, rendirán cuentas periódicamente y pueden ser destituidos.

Todo descansa en la percepción de la ciudadanía. Un hombre, un voto descansa a su vez en una presunción noble. El juego consiste en principio en mostrar al ciudadano, con acciones y discursos, que las posiciones que cada político mantiene son las adecuadas.

Inevitablemente, poco a poco ha ido esto derivando a mostrar al ciudadano, con discursos, lo inadecuadas que son las posiciones del contrario, del líder del grupo de enfrente. El "adversario" que dice Esperanza Aguirre.

Todo esto es un desarrollo frecuente en las democracias. El poder está en el pueblo, luego quien tenga la capacidad de llevar al pueblo a su molino, se hará con el poder. Ocurre, eso sí, que así pasamos de democracia, "el poder del pueblo", a demagogia, "la conducción del pueblo" (al huerto).

Una vuelta de tuerca adicional, lamentablemente cada vez más frecuente, es no mostrar qué hace mal el oponente político para así convencer al pueblo, sino pergeñar un mundo virtual en el que el oponente político encarna todas las desdichas y es responsable de todos los males. Ello no tiene por qué pasar el listón de la verdad, porque lo que se busca es, simplemente, la persuasión. Esto lo entendían bien los sofistas de la Grecia antigua. Se dice que un buen entrenado sofista, en un dilema, te podía convencer de la opción A, y pasar acto seguido a convencerte de la contraria. Y lograrlo. Como A y B no pueden ser ambas "verdad", ¿cuál lo es? ¿cuándo eres libre? ¿cuando estás persuadido de A o cuando estás persuadido de B? ¿qué es ser libre?

Tristemente generaciones de humanos derramaron su sangre por nuestra libertad, y ésta está siempre comprometida. La única libertad es aquella que permite a un ciudadano informado y lúcido, libre de ataduras y de vendas en los ojos, tomar una decisión sopesando argumentos verdaderos.

Si un ciudadano de Wisconsin vota en las presidenciales a McCain porque cree que éste es quien se ocupará de castigar adecuadamente a los iraquíes por haber matado a miles de americanos en Manhattan en 2001, no es un ciudadano libre, porque vota con la venda de la ignorancia y del engaño en sus ojos. Si un albaceteño, un soriano, un coruñés o un madrileño votan con la conspiranoia en torno al 11-M corroyéndoles el corazón, no es un ciudadano libre. Es un ciudadano persuadido con un error cocinado. Si los ciudadanos concluyen, tras insistencia machacona de unos e impericia incomprensible de comunicación por parte de los otros, que la crisis económica es culpa de Zapatero, es un comportamiento que es libre, pero inducido, y posiblemente erróneo. Seremos libres... de equivocarnos, pero nuestra libertad es de cartón piedra.

La democracia se pudre y sus cimientos vacilan. El poder vuela de las manos del pueblo, obnubilado por las sombras. Los carroñeros se relamen.

La verdad y la libertad son otra cosa. Sólo la Verdad nos hará Libres. Con mayúsculas.

sábado, 17 de mayo de 2008

Ideología, táctica y estrategia

Ideología es un conjunto de ideas que definen un modo de pensar. Idea es una palabra de origen griego de resonancias platónicas, relacionada etimológicamente con el verbo oida ("he visto"> "sé"), primo hermano del verbo latino video "veo". Una idea en griego es el aspecto exterior de algo, su apariencia, su forma, aquello que lo distingue, un principio general que sirve para clasificar algo, una clase, una especie. Una forma ideal, concebible por el pensamiento, de la que el objeto real es una realización imperfecta. Una concepción abstracta por oposición a la realidad de lo concreto.

Ideología se usa hoy para referirse al conjunto doctrinal que caracteriza un línea de pensamiento o de actuación política. Una visión del mundo guiada por el pensamiento teórico (palabra griega que también hace referencia a la "contemplación" o "visión"). Un pensamiento que guiará a los artistas de la polis, a los políticos, en la búsqueda de sus objetivos de perfección de la vida social.

Frente a ideología, una palabra de noble estirpe, tenemos otros dos conceptos más pedestres, más pragmáticos, más prosaicos, más terrenales, más aburridos, menos amigos de la sabiduría, más amigos de los coscorrones. Dos términos que se confunden demasiado frecuentemente con la ideología, la aristocrática ideología. Me refiero a la estrategia y a la táctica. Ambos vocablos son militares en su origen.

La estrategia es el arte del strategós, el general de los ejércitos helenos. El strategós es el encargado de ordenar a los ejércitos en el campo de batalla y conducirlos al combate. La estrategia es el resultado de su hacer. Una estrategia adecuada es un modo inteligente, valeroso y aguerrido de acudir a la lucha y vencer, como los atenienses en Maratón o en Salamina frente a los persas. O los espartanos en las Termópilas.

Táctica es también una palabra de origen heleno. Tiene que ver con el mundo también de los soldados profesionales. Con la falange de hoplitas arcaicos y clásicos, como los peloponesios. El verbo del que deriva, tásso, significa "ordenar, colocar, poner a cada uno en su sitio", y se refiere al arte de ubicar adecuadamente en el campo de batalla a los soldados con el objetivo último, también, de alcanzar la victoria.

No es extraño, así pues, que el sector aguerrido y aguirrista del PP y sus voceros en los medios efímeros de comunicación hablen constantemente de "los adversarios" para referirse a los representantes políticos del PSOE. Una vez lanzados a la estrategia de la victoria y a la táctica mátrix de la realidad paralela, es coherente seguir con las metáforas militares. Metáfora significa literalmente "situar una cosa en otro lugar". Y así, Esperanza Aguirre y sus afines colocan cada día su lucha, su táctica, su estrategia pedestre de combate en otro lugar, en el glorioso mundo de las ideas. Pero las ideas son intangibles y la pelea liberal no alcanza la ideología.

Es una lucha 'catedrática'... Cátedra, por cierto, es como se llama en la lengua de Platón al sitio en que uno se sienta, al sillón.

Y luego dicen que las lenguas clásicas están muertas.

domingo, 11 de mayo de 2008

Fieles

Mi entorno personal y familiar es profundamente religioso. En mi vida como niño, hijo, nieto, hermano, sobrino, primo, etc., mi contexto es un contexto de catolicismo practicante. De catolicismo racional y convencido. Pero catolicismo claro y sin ambages. En ese contexto, evidentemente, fui bautizado, hice en su día la primera comunión, asistí a misa los domingos hasta más allá de la mayoría de edad, me casé por la iglesia y bauticé a mi hijo. Ése es mi contexto.

Fui educado en el seguimiento al espíritu del mensaje de Jesús. Amar al prójimo como a ti mismo. Creo que soy una persona con muy profundas convicciones morales, que trato de poner en práctica siempre en mi vida, con todos los defectos que todos tenemos. En realidad no debería decir que "trato" de ponerlas en práctica. Más bien las pongo en práctica porque eso es lo que me sale de dentro. Un sentido muy profundo de lo que es justo que me impide hacer otra cosa si estoy en pleno uso de mis facultades. Un enfado pasajero, por ejemplo, puede ofuscarme lo suficiente para luego tener que arrepentirme. Sí, eso es lo que puede decir un asesino, por ejemplo, pero mis 'faltas' son mucho más leves, afortunadamente.

A lo largo de mi desarrollo como persona fui entendiendo la realidad a mi alrededor precisamente desde esos valores. Y fueron en muchos casos esos mismos valores los que me hicieron iniciar un progresivo distanciamiento no tanto del mensaje de Jesús como de sus representantes terrenales. Mi lectura de la historia humana me ha llevado a ver a la jerarquía eclesiástica histórica como una fuerza esencialmente desviada de ese mensaje en muchos momentos, en muchos aspectos. Podría enumerar la Santa Inquisición, o las Cruzadas (diferentes tipos de cruzadas), las repetidas guerras de religión, la connivencia sacrílega con el poder terrenal...

No voy a ocultar que una profunda proclividad al análisis racional de lo que me rodea me hace dudar de muchos preceptos y cuestiones de fe asociadas a la doctrina cristiana, algunas fundamentales. Pero realmente lo que me hace rebelarme es una incapacidad para tolerar la hipocresía. Soy incapaz de dar por buena una actitud vital que predica una cosa y encarna la contraria. Soy incapaz de tolerar un mensaje de odio hertziano acompasado y/o apadrinado por quienes supuestamente encarnan un mensaje de amor y de moral. Soy incapaz precisamente por la profundidad en que los valores están grabados en mi alma.

Mi convivencia con el catolicismo ha sido siempre de un respetuoso laissez-faire. De un cierto distanciamiento progresivo, pero como un poso fundamental de algo "familiar".

Pero de un tiempo, escaso, a esta parte, siento con demasiada frecuencia una irritación nueva hacia algunas manifestaciones, que considero hipócritas, procedentes de ese ámbito. Por ello estoy parcialmente de acuerdo con una nueva carta de la Conferencia Episcopal, en la que culpan de la pérdida de fieles de la Iglesia a "algunos medios de comunicación". Eso sí, no creo que ellos tengan en mente a los mismos medios que yo...

sábado, 12 de abril de 2008

Boudica de los icenos

Boudica fue una reina de los icenos, un pueblo que habitaba el este de la isla de Gran Bretaña, en torno a la comarca de Norfolk. Lideró hacia el año 60 de nuestra era una revuelta de los pueblos de la zona contra el poder romano, aprovechando que el gobernador, Gaius Suetonius Paulinus, estaba haciendo la pascua a los habitantes de la isla de Anglesey en la parte norteña de lo que es hoy el país de Gales, el último refugio de los celtas británicos. Los rebeldes destruyeron Camulodunum (Colchester), previamente la capital de los trinovantes, los aliados de los icenos, pero en este tiempo ya meramente una colonia romana. Suetonio trató de salvar Londinium (Londres), un establecimiento comercial que tenía por entonces unos veinte años, pero decidió que no era posible defenderlo y evacuó a sus ejércitos. Londres fue destruido por completo, igual que Verulamium (St Albans). Unas 70.000-80.000 personas morirían en las tres ciudades. Suetonio terminaría derrotando a Boudica, lo que permitió la permanencia romana en la isla por unos trescientos años más, hasta la llegada de los germanos, anglos, jutos y sajones, que terminarían por convertir la isla en parte del mundo germánico, y no del céltico o del romano.

El nombre de la reina procede del adjetivo femenino protocéltico *boudīka, 'victoriosa', derivado del céltico *bouda, 'victoria'.

Es un lugar común en la literatura latina, así como en la griega, el desprecio de las capacidades de la mujer, de la mujer decente, se entiende, en el ámbito de la guerra, o de la vida pública en su conjunto. Las grandes heroínas de las tragedias griegas, en su desmesura y descontrol, suelen tener un componente de sangre bárbara corriendo por sus venas. Las narraciones acerca de la reina guerrera de los britanos sin duda despertarían admiración y desprecio por parte de los 'cultivados' romanos, que se explicarían lo excepcional de la historia teniendo en cuenta que de pueblos bárbaros hasta eso se puede esperar...

Me he acordado de Boudica, la victoriosa reina de los icenos, la heroína de un pueblo oprimido por un pueblo invasor que borraba su historia, al conocer que Zapatero se había decidido por una mujer treintaañera, catalana y embarazadísima para dirigir el adusto imperio varonil del glorioso ejército español.


Carme Chacón no es Boudica, ni tendrá que serlo. No es líder guerrera, ni siquiera Ministra de la Guerra, sino de Defensa, ese cambio de denominación en el mundo occidental que denota el giro en los objetivos. Dicen que Chacón es una buena gestora. Tiene una buena imagen, creo. Choca el nuevo destino que se ha buscado para ella. Pero es todo un manifiesto de intenciones. Tanto como aquello del guerrero Guerra: "a este país no lo va a conocer ni la madre que lo parió".

La revolución de los claveles... y de las rosas...

jueves, 10 de abril de 2008

Liberales


"Somos libres" dice una voz en off en la COPE cada dos por tres, para promocionarse. Siempre pienso "sí, libres de hacer este particular tipo de periodismo que tanto recuerda lo panfletario". "Libertad digital" es una panfletoweb de referencia, con un augusto ideólogo al frente haciendo caja.

Su protegida política en el PP, la esperanza que ellos tienen de seguir marcando los pasos de la política española, también se apunta al carro del liberalismo para autodefinirse. Dado que en el S. XIX los liberales se oponían en la política europea a los conservadores, ha quedado en la lengua inglesa la connotación correspondiente y así, en los USA, por ejemplo, pueden tildar a alguien de "too liberal", implicando que es "demasiado izquierdista".

En España el liberalismo podríamos ubicarlo, en principio, en el centro derecha, no en la derecha extrema. El liberalismo político aboga por el individualismo, la igualdad jurídica y política entre los hombres (que no social), la propiedad privada y la libertad individual en todos sus aspectos: libertad de pensamiento, de expresión, de asociación, de prensa, etc., con un límite exclusivo en la libertad de los demás: la libertad individual debe constituir una garantía frente a la intromisión del gobierno en la vida de los individuos.

La obsesión por la no intromisión del Estado también aparece en el liberalismo económico, que quiere a lo público fuera de las relaciones mercantiles entre los ciudadanos. ¿Qué objetivos tiene el liberalismo económico? La 'libertad'. No tener que pasar por la 'imposición' del estado (los impuestos). Ser 'libre' de no pagar. ¿Y los que necesiten los servicios públicos? "Están jodidos", en expresión gráfica de un señor de Valladolid con acento de Texas.

Pero, aclaremos conceptos. No abusemos de los términos. Uno no es ruso, alto o un as del balón por muchas veces que lo afirme. Debe haber algo más. ¿Es un liberal Jiménez Losantos? ¿en qué? ¿Es liberal Esperanza Aguirre? ¿entonces por qué no saca las manos de Telemadrid, empresa pública? ¿Es liberal Arias Cañete? ¿y qué es eso de los decretos "brutales" para hacer frente a la crisis? ¿es "liberal" Rajoy? ¿entonces qué es eso de que Zapatero "no hace nada" para evitar la crisis económica? ¿no es liberalismo que el estado no se inmiscuya en el mercado?

¿O es ser liberal tener la libertad de opinar hoy blanco y mañana negro según nos convenga?

miércoles, 26 de marzo de 2008

Frente a frente

Una con-frontación es ese momento en que dos personas se miran fijamente a los ojos, a escasa distancia, y sitúan así sus frentes próximas, una frente frente a la otra, en ademán desafiante.

Se utiliza el término por extensión para todos aquellos momentos en que dos pareceres, en principio contrapuestos, que parecen nacer de cada una de las cabezas, se disputan el territorio, con ánimo de imponerse al otro. De ponerse por encima del otro.

Para ponerse encima del otro cada opinión necesita, primero, enfrentarse a la contraria. Esa posición frente a la otra posición es lo que denominanos oposición, del latín op-positio, literalmente "posición enfrente". Es la acción o efecto de o-ponerse. El elemento latino ob- hace referencia a algo con que se tropieza uno en su camino, un ob-stáculo (literalmente "lo que está en medio"). Oposición puede referirse, en astronomía, al momento en que dos astros se encuentran, en relación a la Tierra, en dos puntos del cielo diametralmente opuestos. También llamamos popularmente oposición, en selección de personal, al proceso selectivo al que se tienen que enfrentar los aspirantes. En el ajedrez, oposición es un término que se utiliza cuando los reyes están enfrentados, separados por una casilla, exactamente la imagen mencionada más arriba.

Hoy muchos medios periodísticos, y algunos políticos (ayer mismo Eduardo Zaplana que no acaba de retirarse del todo), sostienen con vehemencia la argucia etimologizante de que la obligación de la oposición política es oponerse. Y vive Dios que lo han puesto en práctica siempre que están en la oposición.

Pero la democracia no debe funcionar así, no nos dejemos engatusar. En la democracia la obligación de un partido político que está en la oposición NO ES OPONERSE por sistema a todo. No. Su obligación es oponer a los proyectos y planteamientos del gobierno los suyos propios. Aquellos que honestamente tengan como proyectos y planteamientos propios.

Hacer lo que dice abiertamente Zaplana es una estafa. Oponerse a todo, por obligación, no es el encargo de los votantes. O no debería ser.

Si se actúa así a veces resulta complicado oponerse a una posición del contrario en realidad coincidente con la propia. Podemos recordar, como ejemplo claro, la petición que hizo en su día Fraga de abstención en el referéndum de la OTAN. O el ahínco con que el PP recalbaba, cuando la fiscalía instó finalmente la ilegalización de ANV, que el PSOE debería haberlo hecho antes... para obviar que estaban de acuerdo con la medida.

Al actuar así, pierde credibilidad el establecimiento de la posición propia, que deja de formar parte de un franco intercambio de pareceres para asemejarse más al movimiento reflejo con que una pelota de tenis vuelve a uno si se la tira a la pared.

Rajoy anunció a bombo y platillo que al día siguiente de ganar las elecciones del día 9 se proponía llamar al PSOE para alcanzar ciertos consensos y pedirle la abstención para entre ambos, de este modo, aminorar la "amenaza" nacionalista.

Como ha ganado el PSOE, no está de más recordarle este asunto y reclamarle que se abstenga en la investidura de Zapatero. Pero ahora el PP prefiere esperar a ver qué propone el PSOE, como si no conociera ya cuál es el programa con que el PSOE ha ganado las elecciones. Aparte de que, en palabras de Zaplana, en línea con el guión mediático ultra, la obligación de la oposición es oponerse...

Sí, ya. Entiendo. La obligación de la oposición es oponerse al gobierno... si quien está en el gobierno es el PSOE. En cambio la obligación de la oposición es abstenerse y apoyar... si quien está en el gobierno es el PP.

Pensamiento profundo. Me suena.

martes, 18 de marzo de 2008

Bronca y razón

Hace ya casi un año hablábamos en este lugar de Norberto Bobbio, el prestigioso politólogo italiano, que escribió en 1995 un pequeño estudio acerca de los conceptos izquierda y derecha en política. Hay una traducción española de 2000 titulada Derecha e izquierda, publicada en Barcelona. En él se señala que la esencia de la distinción entre ambas "es la diferente actitud que las dos partes (...) muestran sistemáticamente frente a la idea de igualdad: aquellos que se declaran de izquierdas dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política a lo que convierte a los hombres en iguales, o a las formas de atenuar y reducir los factores de desigualdad; los que se declaran de derechas están convencidos de que las desigualdades son un dato ineliminable, y que al fin y al cabo ni siquiera deben desear su eliminación". A partir de aquí, y cruzando el concepto de igualdad con el también esencial de libertad, el espectro político es una línea en la que se pueden distinguir varios puntos de referencia:
  • Extrema izquierda. Jacobinismo. Igualitarios y totalitarios.
  • Centro izquierda. Socialismo liberal y socialdemocracia. Liberales e igualitarios.
  • Centro derecha. Conservadores; democrátas que no van más allá de la igualdad ante la ley. Liberales y desigualitarios.
  • Extrema derecha. Fascismo, nazismo. Antiliberales y antiigualitarios.
Hoy no quisiera oponer derecha e izquierda, sino moderación y radicalidad. Confieso que la idea me ronda la cabeza estos días al ver al PP dudar sobre lo estratégicamente correcto para el futuro, pero es algo en lo que ya he pensado a lo largo de la legislatura anterior, en la confrontación de discursos políticos varios. En la estructura bobbiana se reserva para las posiciones 'moderadas' de centro-izquierda y centro-derecha el concepto de 'libertad', y se caracteriza a las posiciones extremas por el concepto de 'totalitarismo' o ausencia de libertad (salvo para los dirigentes...).

Yo creo que lo que con más claridad define la posición de alguien en el espectro político es el modo de defender y tratar de implementar las posiciones propias. Sean cuales sean los argumentos es el modo en que se tratan de poner en práctica, incluso más que el fondo de lo que se sostiene, lo que aparece y se percibe como más extremado. Un ejemplo paradigmático lo tenemos con ETA y el PNV. Ambos comparten un ideario de segregación, pero unos se sirven de pistolas como argumentos centrales. Otros de la palabra y la política.

Uno puede tener ideas que se pueden percibir como radicales. Claro. Pero si las defiende con respeto, razón y argumentos persuasivos, con afán de mover la opinión ciudadana, su planteamiento no es totalitario, sino que se fundamenta en la libertad democrática, en la persuasión de un demos libre.

Otro puede tener ideas que, en el fondo, quizá no sean más radicales. La radicalidad relativa puede incluso ser menor. Pero si el modo de presentación es bronco, duro, gruñón y exaltado, (aunque por supuesto, en el estado de derecho, todo lo dilucide la voluntad ciudadana), el camino seguido aproxima al que lo transita a los modos totalitarios, en el sentido de que no apela a la persuasión argumentada, sino a la adhesión al liderazgo.

Los conceptos de talante, paz, educación para la ciudadanía, alianza de civilizaciones, diálogo y negociación han sido, por su asociación a la figura de José Luis Rodríguez Zapatero, vilipendiados y ridiculizados por una parte muy importante de la derecha social, política y mediática españolas en los últimos años. Pero son, todos ellos, el botón de muestra del modo en que, al parecer, una mayoría social percibe el camino de asimilación ciudadana de posiciones varias. Que pueden ser discutibles, por supuesto, pero que se ofrecen con un espíritu de persuasión del ciudadano libre e igual.

De ahí, la imagen de moderación asociada a este talante para una mayoría de españoles.

Enfrente tenemos el otro modelo, el que va a la contra, el que ridiculiza o denigra a las personas, calumnia, se sirve del alomojó y las conspiranoias, del revisionismo histórico, y de la hipérbole catastrofista como principal recurso retórico. El que no busca persuadir sino fidelizar, el que no utiliza argumentos sino tremendismos, el que no usa la razón, sino la bronca.

De ahí, la percepción (compartida incluso, según las encuestas, por sus votantes), de que la cúpula directiva de este PP se aleja del centro y camina hacia posiciones denominadas de derecha extrema, concediéndoles que sus posiciones no son totalitarias pues respetan, sui generis a veces (boicot a EpC), el ordenamiento legal.

Ahora están en una interesante encrucijada. ¿Han sido sus posiciones insuficientemente duras para ganar o ha sido la dureza excesiva lo que ha provocado su derrota? Yo tengo clara mi respuesta, ¿y tú?

sábado, 23 de febrero de 2008

Aquellos maravillosos años...

...extraordinariamente plácidos...

Hubo un tiempo en esta nuestra amada nación en que la crispación no existía. Había paz. Décadas de paz y de bienestar, de placidez sin fin a la vista. Los gobernantes no crispaban a los probos ciudadanos con ocurrentes leyes acerca de temas que no preocupan a nadie. Las cosas estaban en su sitio. Nadie ponía en duda las esencias nacionales, todo el mundo era sensato. La criminalidad era casi nula, uno podía dejar la puerta de casa abierta. No había peligrosos inmigrantes sin trabajo y modos violentos. Había emigrantes, pero además ayudaban a la economía nacional. Todo el mundo era feliz. El catalán y el vascuence estaban de retirada, como es normal ante una lengua musicalmente superior y numéricamente imperial a su lado, la lengua con la que se habla con Dios, la excelsa lengua del Mío Cid.

Los valores de la patria estaban adecuadamente encardinados en el mensaje de la Iglesia. La enseñanza no adoctrinaba como ahora, sino que instruía a los niños en los excelsos dogmas de la santa cruzada.

Nada interrumpía el dulce discurrir del tiempo para un pueblo trabajador y honrado que iba logrando mejorar sus condiciones de vida, siempre mejores, en cualquier caso, de lo que la leyenda negra judeomasónica de los envidiosos suecos, alemanes y franceses sostenían en sus medios. No era preciso elegir gobierno y parlamento cada cuatro años, nadie dividía al pueblo con ideas extravagantes, la unidad estaba asegurada. La gracia de Dios guiaba con sabia inspiración las decisiones siempre justas, cómo no, del incansable líder.

Los enemigos de España habían probado décadas atrás el sabor del hierro y de la sangre. Seguían acorbadados por la lección de los salvadores, a cuya memoria había mausoleos levantados por doquier, adecuadamente bendecidos por los hijos de Dios.

Pero los buenos españoles vivían su eterna placidez. No como ahora, que han de luchar con denuedo con rojos y separatistas para conseguir lo que es por designio divino suyo. La vara de mando, tan lejos estos cuatro años y tan cerca de sus manos hoy.

Pero sí, el día 9 puedes no ir a votar. Qué alegría se llevarán los de la memoria plácida. Una sonrisa de un rostro bronceado les saludará, mascando un chicle Trident. En las ondas episcopales llevan unos días ya con un afortunado spot con una cancioncilla muy inteligente que anticipa el feliz resultado: "Adios, adioz, adioz. Con Z de Zapatero".

Sí, puedes no ir a votar. De este modo, la pesadilla comenzada el 11-M llegará a su fin.

Sí, puedes no ir a votar.

Yo sí iré, pero tú puedes no ir a votar. Al fin y al cabo, soy un animal político. Tú eres un ciudadano libre y quizá estés legítimamente desencantado. Puedes no ir. Muchos buenos españoles se alegrarán mucho de que no vayas. Agradecerlo ya es otra cosa. Al fin y al cabo sólo se les devuelve lo que es suyo. La vara de mando.

jueves, 21 de febrero de 2008

La esquizofrenia de la polis

Esquizofrenia es un término médico de origen griego, como casi todos. Literalmente quiere decir que "la mente está escindida, dividida en dos". Siempre oímos que todos los políticos son iguales. Yo sé que hay políticos honrados, la mayoría. Y que hay políticos corruptos en todos los partidos. También sabemos todos qué ideología, qué proyecto de sociedad tiene cada uno. Y podemos, debemos, entender o al menos respetar todas las posiciones que no atenten contra las reglas del juego. Pero además de los planteamientos están las formas. Además del contenido está el respeto mínimo a la verdad y a las maneras. He tenido en tres o cuatro ocasiones choques con internautas que no quieren aceptar que en mi huerta particular de este gran ámbito digital, las leyes dicen que se respetará a las personas. No puedo con eso y no lo toleraré, aunque me ocasione molestias, como en estos días, en los que alguien que no quiere entenderlo me obliga a perder el tiempo, a la par que lo pierde él.

Ciertos comportamientos no están intrínsecamente unidos a la ideología que los individuos dicen representar. De hecho todos conocemos, por ejemplo, trolls de izquierdas y de derechas, o políticos de expresión irrespetuosa en todos los ámbitos, y frases, declaraciones o comportamientos alejados de la dignidad mínimamente exigible en todas las siglas.

Todo esto es verdad, o así lo veo yo. Pero siempre he aborrecido la equidistancia. Me niego a aceptar eso tan manido de que "TODOS SON IGUALES". No es verdad. Eso precisamente quieren que pensemos los que son mucho más iguales que los demás. Quieren que aborrezcamos la política para que le demos la espalda, pero lo hacen de un modo calculado. Lo hacen para que los domingos electorales nos vayamos a tomar unas cañas y nos dejemos de urnas. Es un modo sibilino y desleal de secuestrar la voluntad popular, en la que reside la soberanía.

En las últimas horas he visto dos comportamientos que no pueden ser más distintos. Adivina cuál me gusta más, y cuéntame tus impresiones, si quieres.

"Cuando se pide tensión, cuando se pide dramatismo, señor Rodríguez Zapatero, cuando le echas leña al fuego, pasan estas cosas". "Estás mucho mejor cuando pones cara de víctima que cuando intentas recomendar que haya tensión y crispación. Yo, ni tensión ni crispación, yo estoy aquí divirtiéndome, porque estoy con los españoles contándole lo que voy a hacer en los próximos cuatro años, cosa que tú no haces, tú sólo pides el voto para que no gane el PP". Mariano Rajoy en su mítin perpetuo, tuteando, 20 de febrero de 2008, en referencia a los acosos de extremistas a tres políticas derechistas, imputados al presidente del gobierno.



viernes, 25 de enero de 2008

La culpa es de los persas

Sí, yo creo que los persas iniciaron el golpe de Berlusconi quinientos años y pico antes de Cristo. En aquel momento eran la primera potencia del rico oriente. Y habían ido conquistando las ciudades griegas de la costa egea de lo que hoy llamamos Turquía (los turcos no habían llegado entonces, vivían en el centro de Asia): Mileto, Samos, Quíos, Éfeso, Lesbos, Clazomenas, Halicarnaso, Rodas, Focea... La historia terminaría desembocando en las guerras médicas, que, aunque lo parezca, no fueron guerras entre los médicos de la Seguridad Social y los de la privada, sino las guerras de griegos o helenos contra persas o medos. Los medos eran buenos en el arte de la medicina, por ello este arte pasó a denominarse 'arte médico'.

Las guerras médicas terminaron con importantes victorias griegas (Salamina, Maratón), pese a alguna derrota notable (Termópilas). La balanza se inclinó del lado heleno, pero el miedo fue usado, como siempre, para que algunos se hicieran con la hegemonía. Atenas, en este caso. Aunque no le duró demasiado. Los griegos eran expertos de la desunión y entre Esparta, Tebas y luego Macedonia, se ocuparon de devolver a Atenas a su lugar.

Hacia el 540 a. C., por la presión de los persas, un grupo de colonos de la ciudad jonia de Focea, había viajado a Italia y fundado en la Campania la ciudad de Elea (Ελαία, Elaia), hoy Velia (40°09'34''N / 15°09'16''E), en una comarca habitada por el antiguo pueblo de los enotrios, que no cenutrios. Foceos eran también los que fundaron Marsella, Rosas o Ampurias, entre otras ciudades del occidente, sembrando la semilla jonia.

Las colonias griegas en el sur de Italia justificarían la denominación de Magna Grecia para esta región. En la ciudad de Elea surgiría poco después la llamada Escuela Eleática de filosofía, representada especialmente por Parménides y Zenón de Elea, y fundada por Jenófanes, jonio también, de Colofón, y establecido en Elea.

Parménides (Παρμενίδης), nacido hacia el 510 adC y muerto hacia el 450, es de quien (según Platón) Sócrates dijo: "venerable y temible a la vez (...) se me reveló en él una magnífica y muy poco frecuente profundidad de espíritu" (Teeteto 183 e). Pero la frase más repetida del eleata es eso de que "el ser es y es imposible que no sea; el no ser no es y es imposible que sea".

En Italia nació, en Italia lo dijo.

Los italianos se parecen demasiado a nosotros. Compartimos demasiado. En Italia un más que peculiar líder político-empresario de éxito envuelto en mil escándalos, perdió hace menos de dos años las elecciones generales ante el centro izquierda. Por los pelos. Su coalición de partidos de centro-derecha es, y es imposible que no sea, dueña del timón de la nave del estado, considera. A esta consideración se ha visto reducida su acción política de estos veinte meses. La coalición de centro-izquierda de Prodi ha terminado por romperse.

Los italianos son como nosotros, pero han llevado siempre todo plus ultra. Son republicanos, nosotros sólo tenemos un rey bastante republicano. De acuerdo con su sistema el presidente, que se llama Napolitano, y Nápoles no está muy lejos de la patria de Parménides, está deshojando la margarita: la solución no es fácil, es imposible que sea fácil. Aunque no es imposible (hay poderes mágicos), quizá Berlusconi no logre apoyos en las cámaras actuales. La salida sería nuevas elecciones, en las que las encuestas dan por ganador a... Berlusconi que no es líder de la oposición, es imposible que lo sea. Porque el poder es intrínseco a la derecha y es imposible que no lo sea.

En la huerta murciana el pensamiento eleata-berlusconiano se expresa así: alomojó "para ser presidente, "si se ganan las elecciones", sólo son precisos los votos que obtenga "tu partido", siempre, claro que tu partido sea el PP. Si "tu partido" gana ofrecerá al PSOE un 'consenso' consistente en que "así son las cosas y así se las hemos contado". Si tu partido es cualquier otro, lo que tiene que hacer es pedirle permiso y opinión en todo al PP, para llegar a un consenso con el PP, que, es tan generoso, y es imposible que no lo sea, que dará su apoyo al PSOE... siempre que gobierne siguiendo las intrucciones de Génova, que también está en el Mediterráneo occidental. Lo que digo, la culpa es de los persas, que nos mandaron hacia acá a los jonios. Y es imposible que no sea.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Tropar leña

En mi tierra dicen "tropar leña por el monte". 'Tropar' por 'atropar', un verbo transitivo con los significados de "reunir la gente en cuadrillas o tropas, en desorden", o de "recoger del suelo las mieses y reunirlas en gavillas". En los fríos inviernos de la montaña leonesa la sabiduría popular ha aprendido a vivir del monte, ayudando de paso a su correcto mantenimiento. Todos los ramajes, la leña suelta, el combustible en fin de las estufas y de las chimeneas y calefacciones los dona la madre Tierra, la generosa figura que nos amamanta, nos cría y nos ve nacer, crecer, reproducirnos y volver a ella. Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris.

Siempre me viene a la mente el monte leonés con los robles dorados del invierno envueltos en la niebla, bajo la escarcha matutina, cuando leo, oigo o pienso en la palabra 'leer'. Por extraño que parezca.

Existe una raíz indoeuropea (la lengua hablada por nuestros antepasados hace cinco o seis mil años, lengua madre de casi todas las lenguas habladas hoy en Europa, algunas de las cuales, como la nuestra, desbordadas hoy por otros continentes) que relaciona ambos mundos. La raíz *leg- servía en la lengua antigua para designar la acción de 'recoger'. De ahí el sustantivo latino lignum, 'algo que se recoge', y su plural ligna, de donde nuestra 'leña', que es 'lo que se recoge en el monte'.

Pero los romanos se daban a la metáfora, además de al vino y a las mujeres, a la guerra y a otros vicios mundanos. Y cuando tuvieron que acuñar un verbo para referirse a la sin duda peligrosa y oscura actividad, tecnología punta, por medio de la cual unos extraños símbolos grabados reproducían o recogían las ideas de tu mente se decidieron por la raíz *leg-, 'recoger'. Y formaron el verbo lego, '(recojo), leo'.

Los griegos, algo antes, habían hecho algo muy semejante. Pero ya se sabe que los inventores de la retórica, los antepasados de Demóstenes, eran más orales, eran más de lengua húmeda y palabras aladas, que diría su Homero. Así ellos tomaron la raíz *leg-, 'recoger', para referirse a esa extraña actividad por medio de la cual el hablante rebusca en su cerebro, o en su corazón como dirían ellos, como si de un viejo baúl se tratara, las ideas que quiere expresar y las conduce a sus labios para emitirlas. De ahí el griego légo, '(recojo), hablo, digo'.

Si perdemos la función del habla y la de la lectura, nos quedaremos recogiendo leña, y las metáforas de griegos y romanos las olvidaremos, aunque quizá pasen al patrimonio de otra especie, quizá más prometedora.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Salgamos de Matrix

Mi admirado Evaristo, rey de la baraja, hace tiempo que ha venido hablando del lingüista George Lakoff, un reputado gurú del pensamiento progresista contemporáneo en los Estados Unidos. George Lakoff, (1941–), es profesor de Lingüística en la Universidad de California, Berkeley. Fue unos de los fundadores de la Semántica generativa en lingüística en los 60, fundador de la Lingüística cognitiva en los 70, y uno de los investigadores de la Teoría neural del lenguaje en los años ochenta. Entre 1965 y 1969 enseñó en Harvard. Luego en Stamford, y desde 1972 en Berkeley.

Como lingüista que soy, siento una especial atracción hacia sus teorías. Su idea central es que la metáfora, más allá de ser un aspecto formal del lenguaje, nos permite estructurar determinados conceptos a partir de otros. La forma en que realizamos este proceso depende de nuestra experiencia directa en el mundo, a través de nuestro cuerpo. (Por ejemplo, estructuramos el tiempo, un concepto de mayor abstracción, en función del espacio y nuestra experiencia de él, por lo que hablamos del futuro como algo que está delante, y del pasado como algo que se encuentra detrás de nosotros). Gran parte de nuestros conceptos se estructurarían de esta forma. Además, la comprensión de un sistema conceptual estructurado metafóricamente hace discutible el concepto de verdad absoluta, llevando a pensar en una verdad culturalmente relativa.
Esto tiene implicaciones muy profundas para el estudio de las Ciencias sociales, incluyendo la política. Uno de sus libros más influyentes es Don't Think of an Elephant: Know Your Values, Frame the Debate, Chelsea Green Publishing, 2004, publicado en español como No pienses como un elefante, Madrid: Editorial Complutense (2007).

¿Qué tiene que ver la neurolingüística con la política? Al parecer bastante, si juzgamos por el entusiasmo que despierta entre los medios demócratas y progresistas de EEUU la teoría de George Lakoff. Los miles de personas que hacen cola para escucharle no vienen movidos por un interés científico, sino por su frustración política. Les quema el sentimiento de ver como sus conciudadanos siguen votando a George W. Bush y a los neoconservadores a pesar del deterioro de su nivel de vida y de la continuación de una guerra que rechaza la gran mayoría de la población. No es sólo el miedo al terrorismo o un nacionalismo mal entendido, les dice Lakoff. Es, según él, la capacidad de los estrategos republicanos de activar estructuras mentales inconscientes que motivan nuestros comportamientos sin prestar atención a la racionalidad de nuestros intereses o a los datos de la realidad. Lakoff se ha convertido en el símbolo de una regeneración de la política demócrata estadounidense.
Su “¡No pienses en un elefante!” (el elefante es el símbolo del Partido Republicano) es un best seller y está prologado por Howard Dean, el actual presidente del Partido Demócrata. Hillary Clinton, probablemente la candidata presidencial demócrata en 2008, lo llama a consulta, al igual que los principales líderes del partido. “The New York Times” ha dedicado un reportaje especial a la influencia de Lakoff. Y multimillonarios como George Soros y otros están financiando el Rockridge Institute, una fundación para la formación política que prepara a los candidatos y agentes de campañas políticas del Partido Demócrata para las próximas elecciones, poniendo en práctica las hasta ahora abstractas teorías de este científico metido a político por la indignación que siente hacia lo que pasa en su país y en el mundo por culpa de su país.
¿De qué se trata entonces? ¿Ha descubierto Lakoff la piedra filosofal de la manipulación política y por tanto el antídoto contra ella? Pues algo así. Su idea es muy simple, aunque ha sido sesudamente argumentada en varios volúmenes de investigación importantes hasta llegar a su estadio panfletario. La ciencia cognitiva ha establecido que pensamos en términos de marcos mentales y metáforas, antes de entrar en el razonamiento analítico. Estos marcos mentales (frames) tienen existencia material, están en las sinapsis de nuestro cerebro, configurados físicamente en los circuitos neuronales. Cuando la información que recibimos (los datos) no se conforman a los marcos inscritos en nuestro cerebro, nos quedamos con los marcos e ignoramos los hechos. Por ejemplo, si se ha activado un marco que define al Presidente como protector contra todos los peligros del mundo, cualquier información que contradiga ese marco (como la falta de conexión entre Al Qaeda y Sadam Hussein, o la inexistencia de armas de destrucción masiva) tiene mucha dificultad para penetrar nuestra decisión consciente. Naturalmente, si ese marco no es operativo o si otro tipo de marco es el activado, entonces ocurre lo contrario, los datos se convierten en argumentos en contra de la política del miedo.
Lakoff piensa que uno de los marcos más importantes es aquel que se refiere al padre estricto y protector, al que tiene que castigar por nuestro propio bien, el que define las reglas de conducta y las transforma en disciplina, con respecto a nosotros y al mundo exterior. Y sostiene que los republicanos más conservadores han conseguido activar ese marco en una gran parte de la población. No por casualidad, sino como resultado de una larga estrategia desde hace tres décadas, para contrarrestar la hegemonía demócrata en la población. Financiaron con decenas de millones de dólares fundaciones y programas de investigación, reclutaron universitarios, publicistas, periodistas, escritores, especialistas de la imagen, y fueron perfeccionando poco a poco su lenguaje y su temática. Por ejemplo, al hablar de los impuestos como carga tributaria sin referirse a lo que se recibe a cambio de lo que se paga, se activa el mito del ciudadano expoliado por el Estado. O al hablar de matrimonio homosexual (en lugar de unión entre personas) se implica la devaluación de algo sacrosanto para mucha gente. Lo cual tiene consecuencias en la política. Porque Lakoff sostiene, apoyándose en estudios electorales, que la mayoría de la gente no vota por sus intereses, sino en función de su identidad. Los ciudadanos votan “según su identidad, sobre la base de quiénes son, de qué valores tienen y a quién y a qué admiran”. Y los estereotipos culturales y morales son los que más directamente enmarcan el voto por afinidad o por rechazo.
Ahora bien, Lakoff rechaza la interpretación práctica que se hace de sus enseñanzas en términos de reducirlo todo a una manipulación lingüística. Al contrario, les dice a los políticos, lo importante son las ideas y la relación de las ideas que se proponen con los valores inscritos en la identidad de las personas. Pero como todos tenemos distintos marcos de referencia, la clave es cómo activar esos valores latentes, cómo hacer que el deseo de solidaridad sea más fuerte que la agresividad individualista o el deseo de paz más fuerte que el miedo. De hecho, acusa a los demócratas de reducir la política a imágenes y de cambiar sus posiciones para conseguir el voto. En contraste, dice él, con los neoconservadores que afirman claramente sus valores, dicen exactamente lo que son y lo que quieren, y con esta claridad de principios articulan estrategias de comunicación no tanto para seducir a los electores, sino para convencer a los ciudadanos. Si alguien llega a convencerse de la justicia de la guerra en Irak como un reflejo de protección, entonces estará dispuesto a entender los errores de Bush sobre las armas de destrucción masiva y otras minucias. Por tanto, su fórmula de entrenamiento político es afirmar claramente los valores demócratas y progresistas y encontrar un lenguaje propio para comunicarlos, en lugar de intentar vanamente oponer los hechos al discurso articulado de los conservadores que busca establecer una complicidad de valores.
El alcance de la teoría de Lakoff, por discutibles que sean algunas de sus hipótesis, rebasa el ámbito estadounidense, aunque sus aplicaciones directas tengan como referencia la cultura de ese país. La idea de que la simple racionalidad o el cálculo del interés propio no es el determinante central del comportamiento es ampliamente aceptada, como muestra el éxito de los análisis en términos de inteligencia emocional. Pero en el ámbito de la política hay más resistencia a aceptarlo porque las ideologías liberal o marxista del progreso mediante la razón han ido arrinconando los valores y la identidad como fuentes de motivación en el espacio público. Y, sin embargo, si pueblo tras pueblo votan con frecuencia a favor de quienes representan intereses contradictorios a los suyos, es que hay otros mecanismos que deciden el poder. Por eso la gente busca, en EEUU y en otras partes, una explicación y una práctica que les permita liberarse del laberinto de metáforas inducidas en nuestros cerebros.


Tengo la intuición que ese libro y el pensamiento de Lakoff está perfectamente en línea con ideas que he tratado de exponer en esta bitácora, acerca de la realidad virtual en que el mundo neocon nos está envolviendo. La derecha española desde al menos los últimos años noventa, pero particularmente desde la segunda legislatura del PP, está poniendo en práctica técnicas aprendidas del ala republicana más conservadora de los Estados Unidos, el grupo que asesora y encumbra a Bush, los mismo que han logrado que el 70% de los ciudadanos de aquel país crean hoy que las torres gemelas fueron derribadas por orden de Saddam Hussein, lo que explica el apoyo popular a la guerra de Irak. ¿Y la verdad? ¡qué importa lo que sucediera! En democracia importa lo que la gente crea.
Lakoff, un reputado lingüista, salta a la arena política asqueado por los éxitos neocon. E inicia una especie de revolución silenciosa, desde arriba, asesorando a los demócratas, a los sectores políticos más progresistas del país, siendo en poco tiempo bastante más influyente que el complejo Noam Chomsky, también lingüista, por cierto, pero radicado en Boston, en el MIT.
Lakoff trata de desmontar el montaje neocon, buscando la respuesta adecuada, liberando las mentes secuestradas a su pesar.

martes, 20 de noviembre de 2007

Impuestos somos todos

Los fragmentos de tablas de arcilla del código de Hammurabi hallados en la antigua Babilonia, indican que ya en el año 3800 a. de C. los censos se llevaban a cabo para hacer un cálculo aproximado de los futuros ingresos proporcionados por los impuestos para que "el fuerte no pueda oprimir al débil y la justicia acompañe a la viuda y al huérfano". El sentido comunitario de los atenienses de la época clásica hizo que el Tesoro Público fuese una especie de bolsa común para distribuir bienes entre el pueblo. Los ciudadanos acomodados que asistían a los juegos de las fiestas oficiales debían dar dos óbolos para que los pobres pudiesen disfrutar igualmente de los espectáculos.

No soy economista ni me interesa la economía de manera especial. Sólo como un modo de poder escudriñar cómo nos va a ir a todos en el futuro inmediato, o como una herramienta para poder afrontar las políticas sociales que considero necesarias. En el debate reciente acerca de los impuestos siempre pienso lo mismo. Es mi vertiente política irredenta.

¿Por qué se llaman impuestos? Porque se imponen a los ciudadanos. ¿Con qué intención? Con la intención de que el estado disponga de los recursos para afrontar los servicios que proporciona a los ciudadanos, sin distinción de clase.

¿Por qué es un progreso en la historia de la convivencia política y social? Porque acceden a los servicios que proporciona el común incluso el sector de ciudadanos que, sin los impuestos, no tendría recursos para llegar a ello.

¿Quiénes son los enemigos tradicionales de los impuestos? Los que los pagan y no necesitan los servicios públicos. Los que más tienen.

¿Qué objetivos tiene el liberalismo o el neoliberalismo? La 'libertad'. No tener que pasar por la 'imposición' del estado. Ser 'libre' de no pagar. ¿Y los que necesiten los servicios públicos? "Están jodidos", en expresión gráfica de reciente exposición pública.

¿Nos gusta pagar? Supongo que no. Pero muchos puestos de trabajo son precisamente creados con dinero público. Como el mío. O el del policía, el médico, el cartero, el ferroviario, el funcionario de hacienda, el del diputado, el ministro, el alcalde... Y muchos ciudadanos se benefician de la contratación de obra pública o de la adquisición de bienes, etc. Yo aceptaría gustoso una subida de impuestos que viniera acompañada de un incremento del gasto público en políticas sociales.

Y todos contribuimos a esa hucha común. Si fuera perfecto el sistema cada uno en el nivel que le corresponde según sus ingresos, y sin fraudes. Pero hay fraudes, hay incorrecciones, hay tramos, hay sectores que siempre se escaquean, lamentablemente en muchos casos quienes más tienen. Y luego está la demagogia. El arte de llevar al demos al huerto del timo de la estampita.

¿Qué intereses defiende quien propone una reducción dramática de la recaudación? ¿los de los mileuristas? ¿o serán estampitas?

jueves, 15 de noviembre de 2007

¿Fascista?


En los comentarios de mi entrada Odín de Borbón del sábado pasado, me comprometí a tratar más despacio el concepto fascismo asociado a la figura de José María Aznar, presidente del gobierno español entre 1996 y 2004 y en gran medida responsable del PP moderno, el gran partido político que ha sabido aglutinar con métodos más o menos acertados a las distintas opciones políticas de centro derecha y de derecha extrema de la España contemporánea, con la notable excepción de los nacionalismos periféricos. La cuestión surge a propósito de la calificación del presidente venezolano, que ha llamado a Aznar fascista varias veces ya.

El fascismo (del italiano fascio, 'haz' y su plural fasces, a su vez del latín fasces, pl. de fascis) es en ciencia política un término preciso acuñado en referencia a un haz de 30 varas (una por cada curia de la antigua Roma) atados de manera ritual con una cinta de cuero rojo formando un cilindro alrededor de un hacha. Aunque originalmente era el emblema de los reyes etruscos, fue adoptado igualmente por los monarcas romanos y pervivió luego durante la república y parte del imperio. Este símbolo de poder, enraizado como vemos en el pasado glorioso de la antigua Roma, es el nombre originalmente italiano de una ideología y un movimiento político totalitario que surgió en la Europa de entreguerras (1918-1939) en oposición tanto a la democracia liberal (el sistema político que representaba los valores de los vencedores en la Primera Guerra Mundial, como Inglaterra, Francia o Estados Unidos, a los que considera "decadentes") como al movimiento obrero tradicional (anarquista o marxista, este último escindido a su vez entre la socialdemocracia y el comunismo, que desde 1917 tenía como referente al proyecto de estado socialista que se estaba desarrollando en la Unión Soviética). Radicalmente contrario a ambos, se presenta como una tercera vía.

El fascismo como doctrina exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y los localismos en beneficio del centralismo. Utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder en el que se concentra todo el poder. Aprovecha los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda, y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de forma irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población. Es expansionista y militarista.

El concepto de régimen fascista puede aplicarse a los sistemas políticos autoritarios de la Europa de entreguerras y a los que se imponen por todo el continente durante la Segunda Guerra Mundial; de un modo destacado y en primer lugar a la Italia de Benito Mussolini (1922) que inaugura el modelo, seguida por la Alemania de Adolfo Hitler (1933) que lo lleva a sus últimas consecuencias, y cerrando el ciclo, la España de Francisco Franco (desde 1936) que se prolonga mucho más tiempo y evoluciona fuera del periodo (hasta 1975 al menos). El fascismo en la Alemania nazi o nacional-socialismo añade un componente racial, adoptado en un segundo momento por el fascismo italiano y el resto de movimientos fascistas o fascistizantes, para los cuales el componente religioso es mucho más importante, tanto que Trevor-Roper ha podido definir el término Fascismo clerical (entre los que estaría el nacionalcatolicismo español).


La componente social del fascismo pretende ser interclasista: niega la existencia de los intereses de clase e intenta suprimir la lucha de clases con una política paternalista, de sindicato vertical y único en que trabajadores y empresarios obedezcan las directrices superiores, como en un ejército. Tal es el corporativismo italiano o el nacionalsindicalismo español.

Se considera al fascismo un movimiento de derechas ya que los aliados del fascismo históricamente han estado en las clases económicas más poderosas y en los sectores tradicionales y conservadores. El fascismo es un movimiento "totalitario" en la medida en que aspira a intervenir en la totalidad de los aspectos de la vida del individuo, y no permite la disidencia. Se caracteriza por ser anticomunista, antiliberal, oponerse a la democracia de partidos, a la pluralidad y a la variedad. Promueve la unidad de la Patria, ante todo. Postula en lo económico un tipo de capitalismo corporativista. El fascismo desdeña las instituciones del Estado republicano y sustituye el voto como expresión de la voluntad popular por las expresiones masivas de apoyo al líder. El líder es casi divino y su liderazgo no es racional: "Führer", "Duce", "Caudillo", etc.

El alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 supuso en España la conjunción más o menos duradera de intereses de los falangistas, el partido fascista español, junto con los tradicionalistas católicos, la Iglesia, el ejército y en definitiva los sectores más conservadores de la sociedad. Durante los primeros momentos el decisivo apoyo prestado por los regímenes fascistas italiano y alemán, junto con la ausencia de apoyo paralelo de las democracias burguesas occidentales al bando republicano, supusieron una clara inclinación de la balanza militar. El tardío, tibio y caro apoyo soviético no supuso a la larga contrapeso suficiente. Ya durante la guerra se aplicó, por parte del bando leal a la república, el término "fascista" al bando rebelde (autodenominado "nacional"). Era un término perfectamente apropiado. Las características del régimen levantado poco a poco en torno a la figura del "caudillo" eran fascistas en un alto grado, al menos en sus apoyos internacionales y en la simbología más externa. Porque la vertiente social del fascismo no gozó de mucha atención nunca por parte de Franco. La derrota de los regímenes fascistas en la 2ª guerra mundial supuso un paulatino alejamiento por parte del camaleónico Franco de todo lo que sonara en Occidente a fascismo. Se alineó con las posiciones del tradionalismo católico español, e hizo hincapié en el anticomunismo, algo que le acercaba a la Europa y los EEUU de los años previos a la guerra fría.

Pero el régimen seguía siendo totalitario, caudillista, militarista, centralista, todas ellas características definitorias de fascismo. Se convirtió en una especie de fascismo sui generis, adaptado a los intereses de quien siguió siendo Caudillo por la gracia de Dios hasta su muerte.

En la actualidad con frecuencia se usa el término "fascista" para referirse a la extrema derecha y a las ideas de corte racista y autoritario. En general, se suele denominar "fascista" a todo el que intenta imponer por la fuerza su criterio sobre el de los demás. Y existen seguramente toda una serie de derivaciones y usos semánticos semejantes, de tipo secundario.

Aparte de que se ha llamado la atención sobre artículos de juventud (1969, 1979) en los que parece coquetear con tesis o actitudes políticas propias del franquismo, el propio José María Aznar López en el 2000, cuando ya era presidente, en declaraciones a ABC, refiriéndose a su abuelo, el falangista Manuel Aznar Zubigaray confiesa: "no puedo negar que su influencia en mi manera de pensar y actuar ha sido decisiva, incluso determinante. Es verdad que colaboró con entusiasmo con el Generalísimo Franco. Es verdad también que en nuestra Guerra Civil se sumó con indisimulado entusiasmo al bando que le era más familiar y que se dice que más o menos fue el sublevado. Es verdad que ocupó cargos de responsabilidad en el régimen anterior (...) Pero también y eso me emociona recordarlo es el mismo que escribió un libro apasionante que he releído hasta sabérmelo de memoria y cuyo nombre lo dice todo: "Historia Militar de la Guerra Civil". Os lo recomiendo. Es muy ameno y cuenta con detalle lo que sucedió en lo que él llamaba con acierto "nuestra guerra de liberación". "Generalísimo", dice. "Con acierto", dice. "Con acierto", dice el "liberal clásico". "Con acierto"...

Hay hoy una tendencia manifiesta en el PP de recoger, como el coche escoba, los rescoldos del franquismo sociológico, los ciudadanos en mayor o menor grado conformes o tolerantes con el régimen fascistoide del "caudillo" (recordemos las palabras recientes de Mayor Oreja que definía el período como 'un período de extraordinaria placidez'), que podemos detectar en una resistencia llamativa a condenarlo, y una proclividad obvia a la minimización de los graves daños causados a la sociedad española. En la última rueda de prensa tras el Consejo de Ministros antes del verano de 2003, Aznar, presidente democrático del gobierno de España, tuvo el gesto absolutamente insólito de recomendar la lectura del pseudo-historiador neofranquista Pío Moa, heredero de éxito de las tesis de la línea de propagandistas del régimen desde el biógrafo hagiográfico Arrarás, pasando por Ricardo de la Cierva y llegando al fenómeno mediático de hoy, en que somos testigos de un verdadero renacimiento, con Moa y Vidal en lugar destacado, capaces de influir en medios como la COPE, en editoriales de El Mundo del otrora 'progre' Pedro J., la 'muy libre' Telemadrid, y políticos punteros del primer partido de la oposición.

José María Aznar, su FAES y su guardia pretoriana (Acebes, Zaplana, Mayor Oreja, Aguirre) representan, para mí, una derecha española que no reniega del todo del franquismo, que lo asume y lo quiere privar de sus supuestos pecados originales, para cargarse de legitimación ante la izquierda que tenía, en origen, la fuerza del antifranquismo de su lado. La guerra alomojó sería en realidad culpa de la república, en particular de los socialistas, que la iniciaron en Asturias en 1934, y la democracia es algo que alomojó tenemos gracias a Franco que puso las bases de la dorada transición que hoy traiciona Zapatero y la izquierda estalinista y radical que representa...

El PP no es totalitario porque respeta el juego democrático básico. Aspira a controlar el poder por métodos democráticos, aunque recurra, de modo a mi entender especialmente obvio en la última legislatura, a lo que sea para conseguirlo. A los más sucios ardides y falsos debates (la supuesta rendición a ETA, el queremos saber la verdad del 11-M). La mentira, la manipulación, el ataque masivo a la figura, la persona de un líder que convierte en chivo expiatorio y enemigo público (ZP). La lucha antiterrorista. La política exterior. La moral de la moral. La ruptura de España. Pulso en el poder judicial. Conspiranoia. Hipernacionalismo centralista excluyente e intolerancia ante los nacionalismos periféricos.

Iglesia. Patria. Dios. Moral. Caudillismo. Militarismo (Irak). Medios de comunicación (o de intoxicación). Inmigración. Denigración del oponente, amigo de ETA y de los islamistas. Antisemitismo (los árabes también son semitas).

El gobierno democrático de Aznar tuvo un papel oscuro durante su última legislatura, en una asonada militar en Venezuela. Un golpe de estado contra el presidente democrático de la república bolivariana. El populista y grosero Chávez. Que será lo que queramos, pero era el líder democrático de una democracia soberana. Los venezolanos son los que eligen a su gobierno. No los demás. A mí, por ejemplo, me encantaría poder votar en las elecciones de EEUU. Pero votan ellos. Igual que sucede en el Caribe. Hoy hay una clara deriva peligrosamente próxima a lo totalitario en Venezuela. Pero esto es harina de otro costal. Las acciones (no demostradas a mi entender) del gobierno de Aznar en vísperas del golpe de estado son sospechosas. Las acciones (conocidas) del gobierno de Aznar tras el golpe de estado (reconociendo rápidamente al nuevo 'régimen') son bochornosas. No podemos pedir que se borren de la memoria de las víctimas de aquella intentona. Chávez tiende al totalitarismo, parece. Pero ha sido elegido democráticamente de modo claro y con apoyo popular masivo. No es desde luego un gorila, ni un primate o un antropoide como de modo burda e inaceptablemente racista le llama el talibán de la mañana. Pero tampoco es precisamente un politólogo. Ha aplicado a Aznar un apelativo, fascista, que no considero apropiado de modo preciso. Sólo si fascista es un mero sinónimo de "político de derecha extrema" (que no de extrema derecha), podríamos llegar a aceptar pulpo como animal de compañía.

Por mi parte yo definiría a Aznar como un político, de corte democrático, de derecha radical, aunque fue capaz de aglutinar a toda la derecha, hasta la más moderada, en torno a 2000, disfrazado de cordero en el viaje nunca concluso de la vieja AP al centro político, al espacio dejado libre por UCD y que nunca han terminado de dominar (y menos tras la involución de los últimos tres años). Muestra tendencias al caudillismo, usa de modo exagerado del nacionalismo centralista y no se detiene ante casi nada (11 a 14 de marzo de 2004) en su lucha política, sin cuartel, por el poder. Ha trasladado al tablero de la monarquia parlamentaria y democrática ciertas retóricas del franquismo, cuya cara quiere lavasr, y en ese sentido, para mí, muestra claras actitudes que yo llamaría 'neofranquistas' o 'neocon' mejor que fascistas. Porque creo que bebe de las fuentes del tradicionalismo español que corre por sus venas y a su vez de los manantiales del pensamiento neocon norteamericano.

Para mí Aznar es el primer y principal responsable de la deriva enloquecida de la vida política y mediática de nuestro país, de la fase enfermiza en que hemos entrado desde las 7:40 am del 11 de marzo de 2004. Sólo espero que el 9 de marzo de 2008 permita que las aguas vuelvan a su cauce. Y creo que el único modo de lograrlo es que el PP reciba una severa derrota, y que sus líderes y apoyos sociales comprendan que éste no es el camino.